AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Preguntan los poetas, ¿cuándo nos van a devolver las calles?, cuando nadie las ha robado, cuando ahora son desiertos porque los miedos impusieron marcas y la gente sigue creyendo en ese margen tan estrecho, que los demonios están reunidos en el infierno, que existe una ferviente idea de encabezar una revuelta de exterminio. No es cierto, ellos viven hoy aquí, entre nosotros.

Embriagados en la tecnología avanzada, nos supusimos intocables creyendo tener a la naturaleza dominada, prestos para ingresar a otros niveles de expansión histórica, capaces de pensamientos libres, para disolver las ideologías, dueños de un lugar en el mundo de la nueva comunicación instantánea. Era como soñar despiertos, hasta que nos alcanzó la realidad y nos mostró que somos humanos vulnerables, que incluso cualquiera de nosotros puede dominar un sentimiento, excepto quien lo siente, que somos solo arena de playa.

Antes podíamos hacer planes, renegar los viejos porque llevamos cincuenta años sin los Beatles, porque Cruz Azul tiene siglos sin ser campeón, porque Borgetti fue el último ídolo santista, porque Curro Romero tiene cáncer, porque murió José José, porque el presidente es AMLO y no López-Gatell, porque ya no podemos ver a Black Shadow a dúo con Blue Demon. Y hasta seguimos sin resignarnos a que Pedro Infante, Javier Solís y Tin-Tan solo sean recuerdos.

La pandemia de Coronavirus atenúa el miedo, relaja a las personas, les da un aura de soñador y es entonces cuando la maquinaria de la imaginación se enciende, porque son tiempos de memorias y de ese almacén se extraen selectos contenidos, como un Netflix a modo, con visiones cuya riqueza sea capaz de abatir al silencio, de dominar el temor y de endulzar las horas, que relacionan la vida, el tiempo y la incertidumbre.

La imaginación es como un auto. Puedes escoger el rumbo y cambiar de dirección cuantas veces quieras. Cierras los ojos y aparece Michael Owen en Marsella, toma la pelota en medio campo y va oscilando como aspas de abanico. Corre como un demonio, solo queda Ayala y hay un movimiento de cintura como quien finta a un toro y liquida a Roa con derechazo cruzado. Golazo.

Captura

Trigo entra como flecha por izquierda en la selva de Zacatepec y mete un centro a segundo palo, donde Chuleta Aguilar remata y Torreón asciende. Salto y cabezazo para un cuadro, ganando la salida, valiente, al portero Ochoa. Los hermanos Espanto medio matan al Relámpago Cubano. Lo atan con sus propias agujetas en su esquina y lo golpean a placer. Ciclón Veloz está KO. Hay sangre en el ring local. El Espanto Jr. se lanza al vacío, tope suicida y noquea al Hijo del Santo.

Tarabini entra por derecha, tira centro largo al cabezazo letal de Genonni. Derechazo de Conejo a media altura, 2-0. Kalimán le hace un gol a Vizcaíno desde 45 metros. Arranca segunda parte, otro derechazo de Tarabini, lo sufre Marín, 3-1. Un centro rasante a segundo palo, Chucho Hernández se barre y marca. René le para un penal a Pulido. Cuco Estrada cimbra por quinta vez al Gato Marín con derechazo dentro del área. Esa tarde fuimos felices. Cruz Azul era la máquina pero el Torreón tenía a Tarabini y queda visto que la imaginación es más poderosa que la razón.

Con el infierno vacío y los demonios en nuestras calles, el virus nos muestra que puede viajar de huésped en huésped. que somos cautivos de su amenaza. Es como un vampiro al acecho.

Correo electrónico: arcadiotm@hotmail.com