LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

El tiempo no tiene prisa en los toros, es una sana costumbre hacer las cosas despacio. En el campo bravo todo se hace despacio, las más de 170 mil hectáreas en perfecto equilibrio ecológico funcionan sin tiempo, a un ritmo pero sin tiempo. Despacio.

La vida nos regala el tiempo, ya depende de nosotros el concepto y la utilización que le demos a esta joya. La sociedad del siglo XXI no ha sabido apreciar el tiempo, entre más rápido e instantáneo sea todo, mejor. Más modernidad, más tecnología, más información. Cantidad por calidad. Curiosamente la calidad siempre va acompañada del tiempo, el Hombre no ha podido vencer esta coyuntura.

Un buen guiso lleva tiempo, un tequila, un buen vino, un buen whisky, una buena novela, una sinfonía, un puro, un beso, un abrazo, una charla, una pintura, una escultura, una amistad, y puedo seguir, lo bueno en la vida toma tiempo.

En más de una ocasión he manifestado mi inquietud acerca de la forma en la que la sociedad actual da prioridad al poder ante la justicia, al dinero ante la honradez, y a la fama ante los valores. Sinceramente creo que la humanidad iba en picada, una espiral de la que ninguno nos podíamos salir. Lo que son las cosas, una tragedia sanitaria ha detenido al mundo, ha evidenciado la cobardía y la falta de verdadera vocación por servir de los políticos, esa misma vocación que disfrazan para sólo mantenerse en el poder a cambio del sacrificio mismo de sus seguidores. Aquí y en el mundo lo hemos visto, han quedado líderes desnudos ante la sociedad, ridiculizados.

La Historia nos da la oportunidad dorada de tener nuevamente tiempo; el precio es caro, vidas de personas que son el ser querido de alguien; una cifra para los políticos, una tragedia para las familias. Cruda realidad, difícil de asimilar, rabia e impotencia de tener al frente a políticos sin escrúpulos, sin inteligencia ni capacidad.

¿Qué hacer con el tiempo que esta dramática situación nos ha regalado? Muchos no saben qué hacer, quieren a como dé lugar que esto pase y volver a la “normalidad”. La economía está siendo sacudida, lo mismo que la sociedad. Es tiempo para replantearnos el futuro. En unos años sabremos si la humanidad supo qué hacer y si la sociedad estuvo a la altura del rumbo marcado; todos somos responsables en este gran cambio.

En el toreo, el toro gesta su bravura, trapío y grandeza con la despaciosidad del tiempo a su favor. Tardes eternas bajo el sol poniéndose en el horizonte. Los toros asumen el paso del tiempo, se transforman en el imponente y poderoso animal que un día tendrá la honrosa oportunidad de manifestar su esencia en el ruedo y ser copartícipe de una obra de arte.

El torero dedica el tiempo entero a vivir en torero, que no significa otra cosa que amar y conocer al toro, a aquel toro que pasta en una ganadería absorbiendo el tiempo y que lo sabe todo. Algún día se encontrarán para crear arte, expresarse o morir.

El toro le regalará el tiempo al torero de descifrar sus tiempos para crear una faena, entendiendo sus condiciones y defectos en la embestida. Fracciones de segundo que definen una vida o una muerte, éxito o fracaso. El toro lo ha hecho durante cuatro años, el torero toda su vida, y juntos tienen fracciones de tiempo para entenderse. Esta es parte de la intensidad del toreo. Se tiene la capacidad de aprovechar el tiempo, de hacer que las cosas pasen y de tomar decisiones. Tiempo entre pase y pase, entre tanda y tanda. Los tiempos del toro son tan precisos que cuando el torero es capaz de entenderlos, surge la incomparable magia del toreo.

Darle el tiempo al toro de que salga de un muletazo para que comience la embestida del siguiente, es respetar el tiempo, ese es el toreo, rematar una tanda y darle tiempo al toro, salir garboso y caminar sin prisa en lo que el toro le mira y asimila el toreo; todo el toreo el toro lo absorbe en 12 minutos, el torero en toda su vida. Juegos de tiempo.

Hoy que no hay festejos en plazas de toros, tomémonos el tiempo de pensar acerca de la grandeza de este arte, de cómo retomaremos su defensa y enseñanza ante una sociedad nueva, a la que el tiempo debe de haberle enseñado a disfrutar del tiempo.

El tiempo dirá.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.