AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

En estos tiempos y detalles que nos deja el futbol, uno debe reencontrarse y examinarse, de paso, de forma individual, para darse cuenta si a estas alturas está completo, si vive en el mismo planeta donde suele moverse y si mira como el resto de los humanos, porque existe una cierta sensación muy perceptible, de franca decadencia cuando la realidad supera la buena imaginación.

Son esas cíclicas etapas donde desaparecen la mesura, el tacto y no hay espacio, no se le otorga a la verdad, que debiera ser la bandera principal que estableciera el orden. Ahora ya ni siquiera Messi aporta ningún milagro al Barcelona y al Madrid lo supera el Betis. Para los técnicos en su mayoría, incluido nuestro Almada, las desgracias son por malos arbitrajes y no por yerros propios. El especial caso de Renato Ibarra, nos exhibe como un deporte donde hay oídos sordos para la justicia, donde el manejo también de la promoción y formas de la división de plata, en pro del negocio, enseña el descrédito de las instituciones que dan una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Todo se conjuga en una nebulosa, triste y engañosa red que anuncia una manipulación.

Aunque Ibarra solo es un presunto participante de violencia familiar, sin que se haya probado, ¿por qué sus abogados pugnan por el perdón de la esposa si es que solo fue, como el jugador sostiene, un mal entendido?. Se supone que quien nada debe, nada teme y espera que se pronuncien los jueces e investigadores pero la moda es el litigar y especular en los medios.

En cuanto a la FMF, después de vivir un buen tiempo en la oscuridad, propone un plan de reformas para aumentar en número a la primera división con un par, cuando menos, de promociones, desaparecer el ascenso unos años y crear una verdadera fuente de nuevos valores en la división de plata o una fuerza especial. ¿Y es realmente la FMF o los dueños que presionan?

El mundo está loco y en el futbol, más. Ante la carencia de gente que se pronuncie con las cosas por su nombre, donde nos llegan sus ideas, carentes de sentido estético y con visión ingenua, como si ellos y nosotros los fans, fuésemos solamente un puñado de almas torturadas y aunque la fascinación también surge del temor y la ansiedad, solo vemos todos parajes de sombras hostiles.

Por eso se admira a los viejos que aún se consienten con sus recuerdos, creándose una vida paralela. Creen que en cada tiro de esquina ganarán los mejores cabeceadores, sin abrazarse con nadie, sin empujar, sin jalar al rival, sino saltando limpio en ese tiempo que no había “faltas tácticas” donde los jugadores generaban ilusiones desde que saltaban a la cancha, donde los arqueros jugaban sin guantes. La diferencia era que tenían la fe de los héroes, donde todos tiraban esperanzas con el alma, porque eran garantía sentimental y futbolística.

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