Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

El 1er Nacional de Novilladas llegó a su fin el domingo en la Plaza México. Se dieron 68 novilladas en distintas plazas de la República.

Todo comenzó en marzo, con siete novilladas en Insurgentes, y de ahí se pasó a plazas de provincia, donde los toreros fueron placeándose, compitiendo entre ellos y sorteando los azares del destino, la suerte, la lluvia, el viento, las cornadas… Cerró el ciclo con cinco novilladas en La México, de donde se seleccionó el cartel del domingo. José María Hermosillo, Francisco Martínez y Sebastián Ibelles lidiaron un encierro de Barralva.

Como resultado de este importante esfuerzo de unión entre el sector taurino, económico y empresarial, la gran noticia es que figuraron muchos toreros; si bien hay un gran triunfador —Francisco Martínez—, le acompañan nombres que sin duda tienen la capacidad para funcionar en la difícil vocación de ser torero. También tuvimos la posibilidad de disfrutar ganaderías distintas que aprovecharon la oportunidad de lidiar en plazas importantes.

Vámonos al domingo. Se jugaron seis novillos excelentemente bien presentados, del hierro queretano de la familia Álvarez. Buenas hechuras, bien comidos, incluso alguno más cerca de los cuatro años y de ser toro. Seis novillos realmente buenos, habiendo dos que me encantaron (tercero y quinto), pero los otros cuatro también fueron estupendos, con matices, pero todos mostrando bravura en distintas formas, todos cumplieron con el caballo y brillaron por su fijeza y alegría para embestir.

El hidrocálido José María Hermosillo llegó a esta final con base en grandes actuaciones; sin ir más lejos, el domingo 7 de octubre tuvo una tarde cumbre en esta plaza, donde el juez Ramos le negó la oreja del primero y la segunda oreja del cuarto de la tarde; un protagonismo del palco, que da asco. Pues bueno, en esta novillada no vimos en plenitud a José María, el vestido de luces fue muy transparente y el buen torero no anduvo conectado, sufriendo en su primero un arropón que terminó siendo un puntazo. Durante la tarde su mente no estuvo conectada al corazón, y eso rompe con el hilo conductor al público. Es un torero preparado, capaz y de gran proyección. Esta tarde (sin ser mala) le servirá para meditar y entender qué se le fue entre los dedos.

Desde San Miguel de Allende, ciudad mágica, maravilla de México y del mundo, llegó Francisco Martínez, novillero que desde sus inicios llamó la atención por su inmenso valor y determinación, cualidades que le ayudaron a ir avanzando, a veces pagando con sangre las consecuencias del exceso de valor y falta de oficio natural en quien empieza. Participó en nueve plazas distintas y disputó cuatro finales, siendo el triunfador en todas. Independientemente de que se ha consagrado como el gran triunfador, lo que en lo personal me llena de gusto y satisfacción, así como la natural admiración que los aficionados debemos mantener por los que visten de seda y oro, es su enorme evolución como torero, se le ve pensante, torea siempre del tercio a los medios, plantea sus faenas en la boca de riego, maneja y coge muy pronto la distancia a los toros, corre la mano con entrega, sintiéndolo, sin preocuparse por lo perfecto (premisa fundamental del arte), lo que provoca que el inmenso valor que tiene esté ahora a las órdenes de la creación y la emoción. Faenón de locura al quinto de la tarde, gran novillo de Barralva; emoción en los tendidos; estoconazo y la solicitud de dos orejas por parte del público. Ante el asombro popular, el juez negó la segunda oreja… Por lo menos premió al novillo con arrastre lento, pegando un petardo vergonzoso el juez Braun. La fiesta hoy necesita buenos taurinos, no protagonistas. A Francisco le robó una oreja, pero no la gloria de ser el máximo triunfador del 1er Nacional de Novilladas y, sobre todo, de estar ya convertido en un torero que pone la mente y el valor a la orden del corazón, eso en este arte es la llave a la gloria.

Sebastián Ibelles llegó por méritos propios; la espada le privó de cortar una o dos orejas al tercero de la tarde, otro gran novillo toreado muy, pero muy bien por el joven novillero. Ojo con él, tiene valor y sentimiento, no intenta imitar a nadie y eso es una gran cualidad en el arte.

 

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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