La fiesta está viva

Por: Rafael Cué *

Articulista invitado

Libros enteros se han escrito sobre qué es la bravura. Plumas educadas en cultura taurina han puesto en tinta conceptos, matices y conclusiones sobre el maravilloso misterio de la bravura, el alma del toro de lidia.

Don Álvaro Domecq y Díez, en su libro El toro bravo, editorial Espasa-Calpe, escribe: “Un toro bravo —diría— es un hermoso y orgulloso animal que ataca siempre, sin el menor resquicio de miedo. Un toro bravo arranca pronto, embiste por derecho, siempre para adelante, galopando, no andando ni trotando […] Pero la bravura en sí hay que desmenuzarla para conocer mejor los diferentes matices que encierra, porque aparte de sus factores positivos habrá otros negativos, con los que se cuenta a la hora de la selección, y saber valorar unos y otros. La maravillosa profesión del ganadero de reses bravas consiste en conocer los matices de la bravura, saber mezclar los positivos con los negativos, de forma que ganen aquéllos, ya que factores positivos completos es muy difícil que se encuentren en un solo animal, por muy bueno que sea” (Domecq, 1986: 291-292).

Han pasado ya 31 años desde la edición de este maravilloso libro y mucho ha evolucionado el toreo y el toro en su forma de embestir, aunque los conceptos básicos de bravura y comportamiento se mantendrán siempre.

José Carlos Arévalo, una de las mejores plumas taurinas de nuestro tiempo, en su libro Vida y lidia del toro bravo, editado por el Sistema Nacional Bovinos Espectáculo y la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, manifiesta:

“…la agresividad del bovino ibérico es innata y que su bravura es un hecho cultural, lo que la acción del hombre ha introducido dentro del animal, una genial, intuitiva especulación genética, más artística que científica, y quizá más sabia, porque no renuncia a la lógica del método empírico y respeta con humana paciencia los caprichos del azar” (Arévalo, 2015: 30).

El mismo autor nos dice que “acometer no es embestir. La acometida denota violencia pero no valor. El toro que acomete, se para y derrota, o tobillea o busca fuera de las órdenes del engaño, manifiesta una limitada entrega. Es agresivo pero no bravo” (Arévalo, 2015: 33).

Con esto, lo que pretendo es dejar muy claro que la bravura está conformada por múltiples matices en el comportamiento del toro en el ruedo. La pura estampa del toro bravo no es suficiente para saber si será bravo, ni el hecho de que pertenezca a tal o cual ganadería. En todas las ganaderías del mundo pastan toros bravos y toros mansos, pero la bravura está dentro del toro y la mayoría de las veces es el torero quien tiene que saber extraerla y darle forma, en complicidad con el animal. De vez en vez surge el milagro y la bravura fluye desde la salida del astado, y si éste tiene buena suerte se encontrará con un torero que sepa qué hacer con ella.

Los aficionados a los toros somos muy dados a etiquetar a los toreros o a los toros de una u otra ganadería, lo cual genera expectativas que muchas veces aniquilan la ilusión. Eufóricos, algunos aficionados solicitan en 148 caracteres una u otra ganadería, argumentando que “¡ahí se encuentra la bravura del toro!”. La naturaleza es sabia y el toro más. ¿Qué ha pasado? Que cuando se anuncian estos hierros hemos visto entradas pobres e incluso banderillas negras. Para algunos la bravura es complejidad en el comportamiento, y para otros es nobleza y codicia.

¿Qué podemos aprender todos de esto? Que en el toro nada está escrito, que la bravura es un misterio y que ésta tiene muchas formas de sentirse e interpretarse; que los ganaderos éticos y serios se mantienen y rigen bajo un estricto apego a sus valores, que el ganadero respetable es el que cría el toro que a él le llena, quien con humildad aprende de las tardes aciagas. Otra cosa es ya el lugar que el mercado y la estructura taurina le concedan.

Podrán tener épocas mejores que otras, eso dependerá de empadres, lluvias, secas y un mercado cuyas reglas a veces nadie comprende. Aquí la abundante diversidad de conceptos ganaderos; lo mismo pasa con los toreros, los hay artistas, los hay temerarios, los hay académicos y los hay populares. En la variedad está la riqueza cultural de la tauromaquia.

 

Twitter: @rafaelcue

 

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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