Por: Rubén Romero

Articulista invitado

 

Muchos cambios han ocurrido en la tecnología de los zapatos para correr larga distancia desde que en 1971 Bill Bowerman creó unas suelas con la waflera de su casa hasta los cuestionados Vaporfly de entresuela de fibra de carbono de Nike, que ofreció a los atletas correr 4 por ciento más rápido con sólo usar ese modelo.

Podría decirse que cada nuevo modelo de calzado ha sido lanzado al mercado con su propio mito, aunque ha habido uno, el de los “zapatos minimalistas”, que merece un comentario aparte.

El doctor Daniel E. Lieberman es el titular del departamento de Biología Evolutiva Humana de la Universidad de Harvard, y es un corredor de larga distancia que no usa zapatos, corre descalzo.

Al correr descalzo, asegura Lieberman, el cerebro registra claramente el impacto de los pies con el pavimento al dar cada paso y genera instrucciones automáticas (subconscientes) que permiten controlar el equilibrio y coordinar la carrera.

Esa función cerebral, conocida como función propioceptiva, se ve afectada cuando el calzado que usa el corredor tiene una amortiguación excesiva.

Poco después de difundirse la propuesta de Lieberman, se publicó el libro “Nacidos para Correr” del estadounidense Christopher McDougall, en el que explica que los tarahumaras de Chihuahua corren muy largas distancias sin lastimarse gracias a que sus huaraches no tienen amortiguación alguna.

La coincidencia de estos dos planteamientos tuvo un fuerte impacto en la mercadotecnia del running, y la respuesta no se hizo esperar: salieron al mercado los zapatos minimalistas, de suelas delgadas y sin amortiguación.

Casi todas las marcas de calzado para correr sacaron sus propios modelos minimalistas con la esperanza de adueñarse de una buena parte del mercado. Una buena cantidad de corredores “compró” la idea, y junto con la idea compró los zapatos y se lanzó a probar esta innovación.

Pero al cumplirse el primer año empezó a notarse que los zapatos minimalistas no alcanzarían los grandes volúmenes de ventas. El resultado fue que las lesiones aumentaron al cambiar de los zapatos convencionales a los zapatos minimalistas, y el problema se acentuaba al tratarse de corredores de mayor edad.

Adaptarse al cambio requiere de más tiempo de transición mientras más edad se tenga, ya que, mientras más se haya usado el calzado convencional, más tarda el pie del corredor en desarrollar la fuerza que necesita para correr semi descalzo.

Los tarahumaras, quienes sufren pocas lesiones y corren muy largas distancias, usan sus huaraches desde niños, por lo que en su caso no hay transición.

La cantidad de corredores lesionados fue al alza debido a la inadecuada o insuficiente transición de los zapatos convencionales a los minimalistas.

Aquí la enseñanza parece sencilla: a los corredores no les será tan fácil deshacerse de las comodidades -zapatos- de la vida moderna y lo que queda por hacer es lo que se ha hecho en las últimas décadas, escoger el calzado para correr por prueba y error.

Los mejores zapatos para correr no son los más caros ni los de tecnología más avanzada ni los que usa Bekele, son los que mejor te queden.

 

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