Dirigir una selección nacional tiene muchas diferencias respecto a dirigir a un club. En una selección nacional no se tiene un cuadro base, jugadores de banca para lo que se ofrezca, novatos para ir desarrollando y jugadores de relleno, como normalmente se tiene en un club; no. Una selección nacional es precisamente eso: una SELECCIÓN; del verbo “seleccionar”. En una selección nacional se cuenta –o se debe contar– con veintitrés jugadores perfectamente capaces de jugar como titulares y de desempeñar su función de una manera solvente y eficiente. Para lo anterior, el director técnico “selecciona”, de entre un gran universo de candidatos, a quienes realizarán de mejor manera dichas funciones, en función de su idea futbolística, así como de los rivales a quienes se ha de enfrentar en la competencia a encarar.

Ya en competencia, el seleccionador envía al terreno de juego a sus once elementos con los que encarará al rival en turno, confiando en que esos once realizarán perfectamente su función. Cuando lo anterior no sucede, ¿de quién es la responsabilidad? Depende. ¿De qué? De varios factores. Por un lado, se tiene el factor humano: un jugador sale disminuido físicamente; le cayó mal el desayuno y le flaquean las piernas –sabemos que cuando esto sucede, el jugador, por las simples ganas de jugar que tiene, ocultará dichos malestares–; se lesiona al inicio del partido; lo amonestan demasiado pronto, lo cual es ya un hándicap en contra; por cuestiones personales o familiares se desconcentra; etc. Por otro lado, la responsabilidad recae en el cuerpo técnico: planteamiento equivocado, una mala lectura del partido, un cambio de jugada del director técnico rival, etc.

De todos los causales anteriormente mencionados, ¿qué puede aplicarle a la selección mexicana que ayer sucumbió ante Alemania? Creo que todas. En la parte ofensiva, el factor humano fue el que más pesó. Si bien se crearon bastantes opciones de gol frente a la portería rival, los balones puestos en órbita por Héctor Herrera, la jugada en la que Chicharito clareó a Ter Stegen y se fue por arriba del larguero, los servicios que, de haberse dado dos pasos antes, hubieran dejado al compañero con ventaja, no pueden achacarse a Juan Carlos Osorio. ¿Por qué se decantó por Chicharito y Jiménez, en lugar de Vela y Oribe? Él mismo ya se encargó de explicarlo. Además, nadie podría asegurarnos que, si los que se quedaron en el banquillo hubieran estado en la cancha, los resultados serían mejores. Lo que sí debe achacársele a JC Osorio es lo sucedido en el cuadro bajo. Si bien Jonathan Dos Santos es un elemento de contención, el enfrentar a un cuadro con la dinámica y poderío físico como lo es el teutón, sugiere jugar con dos elementos en la recuperación del balón. ¿Quién más había en dicha posición? Ninguno. Algo similar sucede con los laterales. Osorio apostó de inicio por dos jugadores que, si bien juegan en Europa, futbolísticamente van uno a la baja, y el otro no da para más; me refiero a Miguel Layún y Diego Reyes, respectivamente. Lo anterior lo mostraron en la misma Copa Confederaciones: Layún dio un partido para el olvido ante Portugal y Diego Reyes mostró todas sus carencias ante Rusia. Inexplicablemente, Layún volvió a jugar ante Alemania, dando otro partido realmente para el olvido. Ante la mannschaft, habilitó a Oswaldo Alanís, cuyo desempeño en la defensa central ha sido aceptable, como marcador por izquierda. Otro error: no es lo mismo ejercer la marca como stopper que como defensa lateral. La prueba fue la gran cantidad de balones filtrados entre el centro y los laterales con los que se causó tanto daño al cuadro bajo tricolor. Dos de ellos terminaron en gol –segundo y tercero–. Lo anterior y, el obstinarse con un arquero eminentemente atajador, cuyo rol se limita a atajar, despejar y, como con sus últimos clubes europeos, acudir al fondo de la cabaña a sacar el esférico ahí embuchacado, fueron, a mi parecer, los causantes de dicho resultado.

El proceso mundialista encabezado por Juan Carlos Osorio, evidentemente, continuará. Sería realmente estúpido removerlo en este momento –incluso pedir su salida, lo es–. Se le ha llamado terco. No creo que lo sea. Simplemente, ha llevado sus ideas a la cancha. En la mayoría de las ocasiones le han funcionado; ante rivales realmente exigentes, no tanto. Tras analizar los resultados de esta copa, seguramente, en sus notas, los nombres de Diego Reyes, Miguel Layún, Guillermo Ochoa, Giovanni y Jonathan Dos Santos estarán anotados con tinta roja; del mismo modo que el planteamiento carente de verdaderos defensas laterales. Es el momento de voltear a ver a los muchos talentos que tenemos en dichas posiciones, como el atlista Madueña, y probar con ellos. Lo anterior implicará más rotaciones. No hay problema. En el encuentro de ayer, casi no rotó, casi no hubo variantes, y así de mal nos fue. Una o dos rotaciones más podrían solucionar las carencias ayer vistas.

Twitter: @emaciasm

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