En la sobremesa de la peña futbolera de Patachueca correspondiente al 16 de mayo de 2017, entre felices tacos y cervezas, salió el tema de la más famosa jugada de Pelé en el mundial de 1970. Estábamos Enrique Macías, Alberto Ruiz, Roberto Fernández, Lupe Rubio, Wagner de Souza, Rafael Rosell, Gerardo Gallardo y nuestro anfitrión, Jesús Aranzábal. Les comenté que yo había escrito un breve texto sobre aquella jugada y que deseaba compartirlo en Intelisport. Tardé unos días en subirlo, pero ya, aquí va.

Imposible olvidarla. El pase viene filtrado, en diagonal desde tres cuartos de cancha y un poco cargado a la izquierda. Lo envía Eduardo Gonçalves de Andrade, mejor conocido como Tostão, número 9 de la selección brasileña en el Mundial México 70. El balón pasa rápido entre dos defensas, a ras de suelo, y va dirigido al 10 de la casaca amarilla, es decir, a Pelé. El eje del ataque avanza hacia la pelota tanto como el portero rival, el uruguayo Ladislao Mazurkiewicz. El esférico se aproxima al punto en el que Pelé y el arquero de apellido aparatoso quizá estallarán en un choque de esos que inevitablemente dejan lesionados. El brasileño, sin embargo, parece unos centímetros más cerca del balón y todo el mundo espera que corte la dirección del pase, eluda al portero y se encarrile solo a la portería. Pero tal jugada no ocurre, sino uno de esos pequeños y verdaderos milagros que el futbol produce muy de vez en cuando. El mundo fue testigo de, quizá, una de las más grandes muestras de genialidad del genio Arantes do Nascimento. En vez de proceder de acuerdo a la lógica (es decir, hacer contacto con la pelota antes de que el guardameta la despeje), Pelé pasa de largo y deja pasar de largo, en sentido contrario, el balón, lo que deja solo, anulado, al cancerbero charrúa.

En este punto podría pensarse que Pelé no hubiera alcanzado el balón, pero la prueba irrefutable de que sí lo hubiera alcanzado pero que decidió no hacerlo para trabajar mejor una pantalla fue que de inmediato, tras anular al arquero, fue tras la pelota para disparar hacia las redes. Pelé sabía que su finta había funcionado, no que había sido un error del portero o una jugada accidental. Alcanzó el balón y ya con menos ángulo, pues dos defensores llegaron a cerrar la puerta, disparó al segundo palo. Lo que pasó fue casi trágico: acaso la mejor jugada del Mundial 70 no había sido coronada con el gol, sino con un disparo que casi lo fue, que casi lamió el poste y se escurrió por la línea de meta.

Reconstruyo la secuencia con el mayor detalle posible simplemente para que la leamos en cámara lenta, tal y como debe leerse una jugada de esa dimensión desconocida. También, para explicar que no es común la inmortalidad de las penúltimas jugadas, es decir, de las aproximaciones.

Twitter: @rutanortelaguna

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