LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué *

Articulista invitado

 

Durante la octava corrida de esta temporada grande en la Plaza México, el toreo se reivindicó.

José Antonio Morante de la Puebla, quien desde niño cautivó la atención de maestros como Pepe Luis Vázquez o Pepín Martín Vázquez, por su forma de sentir, entender y vivir el toreo, realizó en el ruedo de Insurgentes una de las más bellas obras artísticas en la historia de la tauromaquia.

Como todo artista legítimo, Morante ha vivido con sus demonios, con sus locuras y con una avasalladora personalidad. Culto, estudioso de la tauromaquia y sus grandes personajes. Un hombre que sólo entiende la vida desde la óptica del toreo y su filosofía; pareciera que el mundo le es ajeno, que vive en el suyo, pero es consciente de que su mundo existe para darle alegría a aquél en el que el resto de los mortales vivimos. En las tardes aciagas como en las de triunfo delirante, Morante siempre da lecciones de vida, sus declaraciones son magistrales, cortas, bien pensadas, rotundas como el toreo en sí.

“Peregrino”, de la ganadería de Teófilo Gómez, fue el socio inspirador de una obra monumental de toreo, sus embestidas alegres, de nobleza profunda, hicieron brotar la sonrisa de un hombre tocado por la mano de Dios para brindar a sus semejantes la alegría de la emoción por la vía del arte efímero. A Morante le admiran los artistas plásticos, aquellos hombres que, también tocados por la mano de Dios, invierten horas de expresión para crear una obra con la intención de que ésta alcance las fibras de sus semejantes y perdure tanto física como emocionalmente.

Al sevillano le bastan unos segundos para detener el tiempo, crear su obra y hacerla perdurar en el alma de las personas con un mínimo de sensibilidad e inteligencia.

La faena fue una evocación sincera a los grandes maestros del toreo, comenzó con “Chicuelo” al recibir al toro por chicuelinas pegado a tablas; a “Curro Puya” le homenajeó con lances a pies juntos, de extrema suavidad; y remató con vistosa suerte en honor a Nicanor Villalta.

“Peregrino”, hipnotizado por el trato recibido, echó mano de la bravura del campo mexicano, siendo exponente de nuestro carácter de entrega y bondad, con el honor de llevar como arma principal en su embestida, la nobleza.

En el tercio del ruedo, Morante brindó al respetable, en su rostro y en su andar se anticipaba la gran obra. Se fue al toro e inició la faena andándole al toro, suerte tan difícil que pocos lo intentan; este inicio fue el reconocimiento a una de las grandes dinastías de la tauromaquia, los Bienvenida. Suaves muletazos prendiendo al toro adelante, trayéndolo toreado para al momento de empezar a rematar el muletazo por debajo de la pala del pitón, andar hacia adelante con el mismo ritmo, tempo y armonía con la que el toro embestía con sus cuatro patas.

Aquello era una danza, un vals entre dos seres que se aman.

“Peregrino” y Morante en los medios de la plaza se enredaron en un diálogo en el que repasaron la historia y cimientos del arte de la tauromaquia. Cada muletazo era una obra de arte, algún Goya, algún Picasso, otro Llopis, otro Flores; el milagro de expresar felicidad en el dialogo entre la vida y la muerte. Lentitud en el trazo, suavidad en las formas y movimientos de las muñecas, los brazos y la cintura, acompañando la embestida del buen toro queretano. Obra sublime, de genialidades, de felicidad por ser auténtico, por gozar la vida y por poder expresar mediante el arte del toreo las emociones más profundas.

Estoconazo entregando el pecho al toro como símbolo de agradecimiento por ser cómplice de la magna obra. El torero dispuesto a morir tras la sublime faena. El toro una vez más con nobleza entrega su vida para darle validez y sentido a la tauromaquia; la bravura de una especie que inspira vidas.

Apoteosis, unión de miles de almas en un mismo sentimiento: el toreo. Conexión absoluta con un hombre que en pleno estado de felicidad, brindó felicidad.

Gracias maestro. Gracias Morante.

Twitter: @RafaelCue

 

* Columna escrita para el diario El Financiero, replicada en Intelisport bajo consentimiento del autor.

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