Ayer domingo 11 de septiembre 2016, dio inicio un nuevo ciclo en la historia de la Plaza de Toros México, la que da y quita, como siempre se ha dicho. Tras más de dos décadas con una decadente administración del coso a cargo de Miguel Alemán Magnani y Rafael Herrerías, Antonio Cosío, dueño del inmueble, decidió que quien lleve a cabo ahora la temporada taurina sea la empresa Tauroplaza México, S.A. de C.V., cuyos accionistas son el Ing. Alberto Baillères y el Arq. Javier Sordo Madaleno Bringas, ambos empresarios y ganaderos taurinos.

El cambio de administración resultaba más que obligado, por el bien de la Fiesta Brava. Las últimas temporadas de corridas de toros en el máximo coso taurino del continente americano eran de vergüenza: el trapío, la raza y la bravura resultaban ser elementos excepcionales en los animales ahí lidiados. Los aficionados nos preguntábamos por qué a algunas ganaderías como Marrón, Bernaldo de Quirós o Teófilo Gómez, cuyos encierros daban pésimo juego en cada ocasión en que se presentaban, seguían siendo requeridas temporada tras temporada. Era notorio que detrás de los aplausos de la villameloniza ocasional, se escuchaba el clamor de una afición cada vez más molesta debido a la falta de seriedad de la empresa, en aparente contubernio con las autoridades delegacionales. Año con año, el número de aficionados que se fueron alejando de los tendidos del embudo de Insurgentes se fue incrementando. ¿La razón principal? La falta de peligro que se sentía en el ruedo. Razón más que suficiente. Si no se percibe que el astado resulta peligroso para el lidiador, la lucha carece de sentido; parece una lucha completamente cargada a favor del lidiador. Mientras el villamelón acude a la plaza a ver a los toreros, el aficionado acude a ver toros. La capacidad del torero para lidiarlos va implícita. El ver toritos mansos, con pinta de novillos, que acuden al engaño sumisamente, como si fueran carretillas daba la sensación de que cualquier hijo de vecino podría estar en el ruedo – como quieren hacernos creer los antitaurinos – lidiando aquellas sabandijas con cuernitos que, hasta los primeros meses del presente año, solían salir de la puerta de toriles. Y mientras veíamos por televisión las vergüenzas que daba la plaza dizque más importante del país, en la Plaza Nuevo Progreso de Guadalajara, la empresa Espectáculos Taurinos de México, propiedad del ahora empresario de la Plaza México, Alberto Baillères, montaba corridas de toros en toda la extensión de la palabra. Muchos nos preguntábamos por qué no se transmitían por televisión las corridas efectuadas en la perla de occidente en lugar de los bodrios capitalinos.

En días pasados se presentó la temporada de novilladas por parte de la nueva administración de la Plaza México, quienes arrancaron con la novedad que los primeros festejos del serial serían novilladas sin picadores, modalidad muy común en España y Francia pero poco arraigada en nuestro país; decisión que provocó molestia inicial entre algunos aficionados que consideraron que la programación de estos festejos, en los que se acartela a chavales recién surgidos de las escuelas taurinas, equivalía a degradar la categoría de la plaza – como si la anterior administración, la del Dr. Herrerías no la hubiera degradado tanto –, en donde se debe programar sólo a los mejores novilleros del momento – como si hubiera muchos ases en la baraja –. Otra novedad fueron los precios de los boletos: para la temporada de novilladas, también llamada “temporada chica”, los precios de las localidades resultaron sumamente económicos, siendo el boleto más caro de doscientos pesos, en barrera de sombra; y el más barato, de setenta, en tendido de sol.

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Ayer se dio el primer festejo, la primera cita de la empresa con el público, y realmente la empresa Tauroplaza México se presentó causando una gratísima impresión. La plaza fue sometida a un urgente remozamiento: se le colocó arena nueva al ruedo, siendo éste nivelado de manera que se evite su encharcamiento en caso de lluvia; se retiraron los techos de los burladeros que se encuentran en el callejón, viéndose éste más amplio; se reemplazaron las tablas que delimitan el ruedo, además de otros detalles. Pero sobre todo, lo que llamó la atención desde días antes, fue el ganado a lidiar: cuando comenzaron a circular por redes sociales las imágenes de los ejemplares de la ganadería neoleonesa de Los García, a lidiarse sin picadores, causaron gran expectación, ya que estos novillos mostraban mayor trapío que muchos encierros de ¿toros? que fueron lidiados durante la pasada temporada “grande”. ¿Resultado? Una muy buena entrada, de alrededor de cuatro mil aficionados. Algunos rebatirán diciendo que sólo se llenó el diez por ciento del aforo total de la plaza. Sí, pero si tomamos en cuenta el factor estacional – las lluvias vespertinas de la época –, así como la desconfianza inicial acerca de este tipo de festejos sin picadores, la entrada fue más que aceptable; sobre todo comparándola con las entradas que se daban durante las temporadas de novilladas de años anteriores, en las que la asistencia a estos festejos no pasaba de las dos mil almas.

Los chamacos expusieron el físico, mostrando lo aprendido en sus respectivas escuelas taurinas, así como sus ganas de trascender en esta dificilísima profesión. Dos de ellos hispanos: Juan Pablo García “Calerito” y Francisco de Manuel, quienes mostrando bastante oficio no tuvieron suerte a la hora de matar; además los mexicanos Juan Pedro Llaguno, quien pese a no cortar oreja a su primer ejemplar, mostró recursos de sobra, y Miguel Aguilar, que cortó la única oreja del festejo. En el nuevo formato – muy criticado por algunos puristas, al acusar “futbolización” de la fiesta – los dos mexicanos resultaron los mejor evaluados, ganándose el derecho a lidiar un astado más cada quien, siendo estos dos últimos ejemplares, sobre todo el quinto de la tarde, de nombre “Ganador” – y vaya que lo fue – que mereció arrastre lento.

Se dice popularmente que una golondrina no hace verano, pero también es bien sabido que la primera impresión jamás se olvida… y esa primera impresión que dejó la nueva empresa tanto a quienes asistieron a la Monumental de Insurgentes como a quienes vimos el festejo por la plataforma de internet de Televisa Deportes, fue más que buena. De esta manera, siendo  los precios de los boletos accesibles – incluyendo entrada gratuita a niños – y, sobre todo, habiendo TOROS en toda la extensión de la palabra, se augura el mejor de los éxitos a la empresa y sobre todo, a la Fiesta misma, una vez que la catedral del toreo en México recupere la seriedad perdida en estos últimos años.

Agradezco sus opiniones y comentarios.

enrique@maciasweb.com

Twitter: @emaciasm

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