Y de repente las cosas no salen: de repente comienza un declive en el que se requieren paciencia y sabiduría para manejar la situación, que no se chorreen los frenos y se opte por una salida que no lleva a ningún lado. Al Santos Laguna le pasó como a las torres que construimos con las fichas de dominó, donde podemos quitar varias fichas, pero no una de ellas específicamente, porque sin esa ficha, la torre se desmoronará.

Cuando llegó Caixinha, poca confianza había en el técnico portugués, sin embargo nos enseñó muchas cosas, entre otras a cambiar el idioma de los entrenadores; las conferencias de prensa no eran iguales, se decían cosas diferentes, algunas que molestaban a la prensa, porque a los mexicanos no nos gusta que nos digan nuestros errores, y menos si quien nos las dice es un extranjero. Nos entregó un campeonato milagroso y después parece que perdió el piso, vino una mala racha y adiós. Sin embargo fue un técnico que dejó mucho al futbol mexicano y que estoy seguro algún día regresará, si es que no hace carrera en Europa.

Llegó Paco Ayestarán, de buena trayectoria como auxiliar de grandes entrenadores en importantes equipos europeos, no funcionó porque al parecer nunca logró el apoyo de los jugadores, sus formas no gustaron y los resultados no se dieron; bye, bye. Ahora es director técnico del Valencia de España. Veremos cómo le va en la ciudad de las naranjas y por consecuencia, por qué llegó ahi. Lo cierto es, y me queda claro, que las formas de un director técnico europeo son más difíciles de aceptar para jugadores latinoamericanos y, por tanto, de mucho riesgo.

Llegó Zubeldia; en su primer torneo hizo 27 puntos, es decir un buen torneo. Lo termina con dos derrotas y de quedar en los cuatro primeros puestos termina en el séptimo. Por cosas del deporte fue eliminado por Pachuca, después de que en el último minuto se salvó el equipo tuzo sacando de la raya el posible gol que significaba su eliminación y el pase del Santos Laguna a semifinales, a la postre los Tuzos serían los campeones.

Pero llegó el apertura 2016; las cosas cambiaron, llegaron delanteros nuevos que vendrían a aliviar la falta de gol, jugadores jóvenes con poco palmarés pero con experiencia en Europa; todo pintaba bien, al equipo no había que moverle nada en la zaga, la media de contención funcionaba muy bien con Molina y el Pulpo González, aligeraban estos dos la carga de los apuros de la línea defensiva; pero llegó el diablo y sopló, la prensa carroñera hizo lo suyo y reventaron al que para mí era el pulmón del Santos Laguna. Nunca pudo Zubeldia reponerlo; huecos impresionantes en la media cancha, una falta total de entendimiento entre los nuevos delanteros, pero sobre todo se generó un mal ambiente que solo se ve en el accionar y la actitud del equipo, equipo que se le fue de las manos, y adiós.

Ahora volvemos a lo básico. Llega Chepo de la Torre, un tipo sobrio, secón, con muy poco sentido del humor, trabajador, medio cuadrado a mi parecer, con pocas o muy pocas relaciones con la prensa y con pocos resultados en la mochila en los últimos años. El campeón es el campeón, eso es lo que se recuerda, pero poco se recuerda el cómo llegó a serlo, y Chepo logró su último campeonato gracias a tres penales fallados por el equipo al que ahora dirige. Lo acompaña Benjamín Galindo, técnico campeón con los Guerreros, hombre serio y querido en la Comarca, el cual estoy seguro será pieza fundamental para la dirección del tapatío. Así las cosas, un nuevo reto, una nueva decisión tomada por una directiva que ha dado mucho más buenas que malas. Por lo pronto tendrán que acomodar un equipo que es un rompecabezas, y este trabajo lo hará el nuevo técnico de la Torre. Hasta la próxima.

Twitter: @patachueca93

Facebook: Jesus Aranzabal Fernandez

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