AL LARGUERO
Por: Alejandro Tovar Medina
Articulista invitado
Los hechos nos muestran que, ante realidades en discusión, nuestro cerebro entra en otra de sus fases de dicotomía (división de un concepto, idea o sistema) a las que recurre con frecuencia, porque sus respuestas son con distorsiones y sesgos que se dan con un lenguaje esquivo y deliberadamente ambiguo. Es la toma de una decisión, y personajes que acuden, chocan y sufren.
Cuando buscamos con ansia a escritores que tienen una manera de ver, de registrar y exponer ideas que nos complazcan, nos adentramos a los grupos que dominan, esos que han sobrevalorado a los jugadores mexicanos, que piensan que el joven Mora está para entrar por Cristiano, que Tala Rangel está listo para suceder a Courtois y que Rafa Márquez está al nivel de Guardiola o Ancelotti.
La goleada por USA fue una selección de zombis, no la que nos quieren hacer creer los medios donde están los jefes de la manipulación de masas, perseguidores incansables de ilusiones en sus afanes de huir de su vida monótona y común o de la falta de amores. Esto es también producto de las emociones que hacen estrechar la mirada y nos hermana a una cultura, a nuestra comunidad.
Estos pensamientos dicotómicos son muy nuestros, porque se acomodan a lo que deseamos sentir, a lo que queremos creer. Nos inventamos atajos porque no gustamos de la reflexión amplia y del pensamiento ilustrador, sino que adoptamos distorsiones y sesgos para llegar a conclusiones rápidas, en la negativa de escuchar y sostener un amplio diálogo con todas las voces de la cabeza.
Igual nos pasa en el diamante. Ignoramos a quienes vienen de la adversidad y creemos que nuestros favoritos son como superhombres dotados por San Miguel Arcángel. En Tampa vimos como un tal Drew Rasmussen (31) con 110 kilos de peso y 1.87 metros de alto hizo ocho entradas tirando lumbre y sin jit a todos los Yankees famosos, incluyendo dos ponches al jomronero Rice. Lo hizo ganar 1-0 Rays, y un joven barbado, de ojos hundidos y sonrisa fácil llamado Jonathan Alexander Aranda (28) de Tijuana, el primera base que no respetó al estelar Gerrit Cole y le dio cuadrangular y la vuelta triunfal como si fuese un monstruo aclamado que va saliendo de un laberinto.
El deporte todo tiene edulcorados personajes, cuyas facultades de pronto emergen y se posesionan de la escena que uno creía exclusiva de los famosos o de quienes los medios utilizan como partes de su maquinaria y, mientras que la gente va pensando que lo único privado es el mundo de sus sueños, en esa negativa de enfrentarse de lleno con la simulación que ha creado, la realidad siempre se impone y nos descubre en amasiato completo con las trampas mentales.
La incertidumbre siempre se hará presente y los resultados harán la diferencia. No son los colores de los favoritos en pugna con rivales diabólicos, sino que deseamos ahorrar energía mental y, en esa sensación de control, al proteger la autoestima, llegamos a interpretar todo rápido: los hombres, los goles, los ponches y jomrones, porque pensar es ahora un acto de resistencia.
X (Antes Twitter): @Tovar1TV
