AL LARGUERO
Por: Alejandro Tovar Medina
Articulista invitado
Releer es cabalgar de nuevo en el fino corcel blanco de la imaginación juvenil. Los personajes de los viejos libros son como amigos que aceptan la visita del hombre que ha cambiado en su físico, pero no en su cariño, ese tipo que aprendió que la vida le regaló la oportunidad de entrar a un mundo especial, ése donde se charla y pasea con el autor, ese que es el espejo del yo interior.
Los laguneros somos hijos del sol y del desierto, mestizos vibrantes con ojos luminosos color aguardiente que, cuando nos asomamos a los viejos libros, nos revestimos del poder juvenil que se enfrenta con su realidad presente, es gente que puede aguantar todo en la lucha pero que no tolera el engaño, ni suele apegarse al credo de la manipulación. Esa que proyecta una sombra.
Cuando se van héroes del diamante como Tommy John (83), la vida queda fija por el lanzador cuya operación mágica lo convirtió en hombre biónico, pero pocos recuerdan al científico maravilla que la realizó. Fue el Dr. Frank Jobe (1926-2014), cuando encontró a Thomas con un grave problema de ligamento colateral cubital de la zurda de oro. Ideó el formato que luego beneficiaría a decenas de pitchers de MLB y al beisbol en general, y así mismo se consideró con el porcentaje del un solo punto ante la magnitud de la lesión. Se comenta que el valiente John, entonces de 31 años dijo: “usted haga su trabajo, doctor, y yo haré el mío”. Ambos eran de Dodgers.
La operación duró cuatro horas. Jobe dijo que perforó el húmero y el cúbito, y utilizó un tendón del antebrazo derecho para reconstruir el ligamento dañado. Hasta el momento de la lesión, John había pasado por Cleveland y White Sox antes de Los Ángeles, y había ganado 124 juegos. Estuvo cuatro meses con yeso y se ejercitaba lo mejor que podía. Volvió a lanzar hasta 1976 y fue tomando su mejor forma. En 1977 ganó 20 juegos. Nadie podía creer lo que estaba viendo.
De 1979 a 1982 lanzó para los Yankees donde tuvo dos años de maravilla: 1979, con 21 triunfos, y 1980 con 22. Tras de su paso por California y Oakland regresó a Yankees de 1986 a 1989. Cuando fue liberado por Nueva York, ya tenía consigo sus 46 años de edad. En sus 26 campañas en el gran beisbol, dejó números de 288 por 231 derrotas. Una carrera memorable, histórica y ejemplar.
El gran mérito, desde luego corresponde al Dr. Jobe y hubo otros médicos que siguieron su ejemplo y lo perfeccionaron. De ello se han valido estelares como John Smoltz, Justin Verlander, Shohei Otani, Jacob de Grom, Chris Sale, Max Fried, Tarik Skubal, Gerrit Cole, entre otros muchos. El nombre de Tommy John quedó con el formidable avance médico que dio vida nueva al beisbol.
¿Es natural pensar en el más allá? Tommy John ya ha de ser pieza que estén disputando en el beisbol de aquellos lugares más allá de la muerte, a donde haya llegado. Lo querrán ver en Dodgers con Valenzuela, Drysdale, como favoritos de un receptor enorme como Roy Campanella (1921- 1993). Lo mismo dirá el capitán de Yankees inolvidable Thurman Munson (1947-1979), quien, no conforme con ya tener a Whitey Ford (1928-2020) y Catfish Hunter (1946-1999), quiere a Thomas, porque una vez más, el talento siempre tendrá un sitio.
El beisbol también es un mundo de muertos sin sepultura, porque los héroes nunca se van, son como personas errantes que han perdido amores, son como trapecistas que se mueven sin red y sin cable de seguridad mientras los vivos trotamos como almas en pena en días desabridos.
X (Antes Twitter): @Tovar1TV
