AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Con cariño para los hombres que nos pusieron en la nómina de la pasión del futbol.

Los niños de San Isidro éramos una banda que circulaba a toda velocidad por los pasillos de la vieja y querida cancha, la del amor inicial por el juego, la de tribunas de madera, la que se aproximaba a la malla para gritar lo que aprendía de los mayores frenéticos, la que seguía a sus jugadores que eran de segunda división pero a esos chicos le convertían en exótico todo lo común.

Como al final siempre ganan los monstruos, en aquellos años sesenta tuvimos que aguardar el desfile ante de acceder en 1968 al ascenso, porque Veracruz, Madero, Cruz Azul y Pachuca estaban desde antes bien formados. Como ya íbamos a la escuela chocaba que los diarios del DF dijeran La Laguna a nuestro equipo, cuando eso es la región y no el nombre oficial de los nuestros.

Vivíamos en un mundo de corazones abiertos. Un domingo vino el Veracruz con Pirata Fuente como su DT. El sonido local lo alabó como un Dios y el gentío lo obligó a dar la vuelta a la cancha como Silverio Pérez en sus grandes tardes. Como leer ya nos obligaba a pensar, entre esos niños quedaban las preguntas, ¿por qué lo adoran si jamás lo vieron jugar? Todo por oídas, solo eso.

El 25 de diciembre de 1960, cuando el equipo tomaba ya su cauce, se dio una bronca colosal contra Jabatos de Nuevo León. Todos contra todos. Nos quedó cerca la escena. Leonel Arredondo le dio una patada en partes nobles al Zarco Gallaga, que cayó desmayado. Se los llevaron detenidos a todos. Por fortuna la malla aguantó, porque la gente quería entrar a la cancha. Uff.

Ese Laguna fue cuna de nuestra afición. Hoy, del otro lado de la muerte, seguimos creyendo solitarios y fuertes, espléndidas y atroces maravillas del juego. Se fueron Esteban Méndez, Isaac Plata, Gato Gómez, Perico Borrego, Lalo Castro, Escuis Garía, Leonel Arredondo, Simón Gómez, Roberto Vega, Ramón Romero, Macho Cordero, Luis Vázquez, Agustín Fernández, Chero Aldrete, José, Jaime y Enrique Yassin. Otros muertos, Lupercio, Herrera, Álvarez y Villalpando fueron después. Ojalá no olvide a algunoi. Aquellos son de la época del despegue hacia la primera.

De aquellos niños, los que sobrevivimos, somos abuelos. Aquellos viejos héroes están presentes. Romero era el crack, por su técnica y presencia. Gato Gómez era un adelantado a su tiempo, jugaba todo el carril derecho desde la zaga. Fernández era un goleador, inteligente y escurridizo. Jaime tenía una zurda de oro. Una tarde de juego cerrado con Zamora (1-1) marcó un golazo desde fuera del área. Un tiro rasante que iba quemando el pasto y se metió al rincón.

Se acaba de ir Enrique, que era un jugador fino. Delantero de todo el frente por dominar ambos perfiles, rápido, inteligente. Una tarde contra el Torreón estaban 1-1 y le llovían patadas. Jaime fue expulsado. Solo Saucedo y él buscaban ante los mastines blancos. Se metió a jugar un poco atrás y cuando vio la oportunidad tiró de fuera del área. Navarro (f) estaba un poco adelantado. La pelota entró por el ángulo superior derecho. Un golazo para recordarlo con cariño. Era un gran tipo.

Todos esos muchachos se fueron y los recordamos como si fueran los años sesenta. En plenitud. Por ellos amamos este juego. Eran valientes que se hicieron sin medios, sin redes, sin tv. Uno se da cuanta ahora que en la educación sentimental muchas de tus revelaciones vienen de un partido, de un gol, de un grupo. En el futbol y en la vida nada es premeditado y la aventura se aparece.

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