AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

El futbol, hoy mismo, se ha vuelto un lujo.

Aquellos efectos emotivos que sacudían a los auditorios televisivos dejaron de tener esos impactos. Primero por la pobreza del espectáculo, segundo por los vicios que han ido cercando al medio, al depender tanto de los jugadores foráneos, olvidando la tarea encomiable del desarrollo y disipando los humos emotivos con la irregularidad de los equipos, como sello muy característico.

Ahora el juego en México vive en el territorio del instinto, de la intuición y de la suerte, con destinos y metas frustradas, incluyendo a cuadros que tienen alto potencial económico, pero que han fracasado, con un despliegue hasta lujurioso de imágenes desplazadas. La gente seguidora camina pensando que su vida es como si estuviese destinado a lanzar un penal muy decisivo.

Y en el camino final rumbo a la serie definitoria, las cabezas van rodando y muchas otras parecen estar como Giordano Bruno (1548-1600) el filósofo y matemático italiano que fue condenado y ejecutado en la hoguera por la inquisición romana, solamente por sus ideas y hasta tres siglos después se le hizo justicia al reconocerlo como un modelo de libertad y libre pensar.

El que los clubes formen una asociación civil independiente de la FMF “con decisiones estratégicas para bajar el poder de la TV” es, de suyo, un movimiento revolucionario, que será interesante observar en desarrollo para enjuiciar a todos, porque se supone que será para entender el futbol en un lugar y tiempo diferentes. ¿Los intereses dejarán que se consolide? Todos tenemos derecho a dudarlo, porque los fans llevamos una sobrecarga de estrés y ansiedad.

En casa, Santos Laguna terminó sonriendo y Rayados llorando. El primero no con ello salva el farol rojo y los regios solo ratificaron su penosa campaña, aun con una nómina de senadores de la 4T. Enseguida, Gonzalo Pineda (Ciudad de México, 43) queda con un buen tiempo para armar un cuadro que compita, si tiene la visión y desde luego, los recursos. La pasta, pues.

Gonzalo conoce la tela. Como jugador de Pumas (2004) no era considerado por el DT Hugo Sánchez como titular, y pese a ello, Ricardo LaVolpe lo llevó a la selección nacional, creando un ambiente de encono. De UNAM circuló por Chivas, San Luis, Cruz Azul, Puebla y Querétaro. Se afinó como preparador a su paso por Seattle en la MLS y luego por tres años dirigió al Atlanta United (2021-2024). En Torreón, ya se dio cuenta de que Santos es la gran herida colectiva.

Abordó ya un velero diferente al llamado Libertad del español José Luis Perales (Castejón, Cuenca. 81) y su navegación será vigilada por gente que tiene agotada su reserva de paciencia, por fans resentidos pues conocieron la cima y ahora están pecho a tierra. Es cosa de ver si esas heridas lo transforman como animal herido, obligado a crear. Como un artista que posee dominio sobre el genio que aún está esperando a despertar. O que puede tener el don que poseyó la gran imaginación de la inglesa Mary Shelley (1797-1851) para escribir “Frankenstein”, con la unión de varios seres en uno solo. En esos afanes, Gonzalo estará destinado a su propio descubrimiento como formador de equipos y podrá conocer que los hijos de esta tierra son, en sí mismos, una mezcla de su medio (desierto, polvo, sol), seres híbridos y especiales que viven entre el sueño del que no se puede despertar y la dura realidad que nos sataniza.

X (Antes Twitter): @Tovar1TV