LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Hacer kiló­me­tros toca este pró­ximo fin de semana. Se pre­sen­tan car­te­les muy inte­re­san­tes en dis­tin­tas par­tes de la Repú­blica Mexi­cana. Se vie­nen los car­na­va­les y México fes­teja sus fies­tas con toros, así de claro y con­tun­dente, aun­que la deca­dente Kate crea lo con­tra­rio.

Comen­ce­mos con una de las joyas de las pla­zas en México: Juri­qui­lla. Desde hace 39 años, la fami­lia Torres­landa ha cons­truido una sólida rela­ción con la socie­dad que­re­tana y del Bajío. Con la edi­fi­ca­ción de su bella plaza de toros, generó un vín­culo de cone­xión emo­cio­nal y cul­tu­ral con los mexi­ca­nos.

Año con año, el recor­dado y admi­rado Pollo Torres­landa ofre­ció car­te­les siem­pre atrac­ti­vos para el afi­cio­nado y para el público, bajo la inte­li­gente y con­tun­dente pre­misa del buen empre­sa­rio tau­rino: “No pre­sen­tes un car­tel al que no asis­ti­rías como afi­cio­nado”. Sen­ci­llo, pero de una pro­fun­di­dad ava­sa­llante: cui­dar al afi­cio­nado, ofre­cer cali­dad y como­di­dad.

Juri­qui­lla es una cele­bra­ción abso­luta del toreo: se cuida al toro, los deta­lles y al público. Tras la par­tida, hace tres años, del gran Pollo, su hijo Juan Arturo — del mismo apodo— lleva las rien­das del coso con el mismo cariño y pasión que su padre. Y, repi­tién­dose la his­to­ria, este sigue siendo un pro­yecto fami­liar: así como el Pollito y su her­mano estu­vie­ron siem­pre pega­dos a su padre, hoy la ter­cera gene­ra­ción ya es buena afi­cio­nada y, estoy seguro, futu­ros empre­sa­rios.

El vier­nes 30 de enero, a las 20 horas, harán el paseí­llo en un sen­sa­cio­nal mano a mano Que­ré­taro–sevi­lla: Octa­vio Gar­cía El Payo, artista pro­fundo, de exce­lente con­cepto y ver­dad en su toreo, con­su­mado, maduro y en gran momento, enca­beza el car­tel con la máxima cate­go­ría que su tau­ro­ma­quia y tra­yec­to­ria sos­tie­nen. En segundo lugar, el sevi­llano Juan Ortega, torero de len­tas for­mas, ele­gan­tes mane­ras y seño­rial tau­ro­ma­quia. Pablo Aguado hará ter­cero; su natu­ra­li­dad y sevi­lla­nía son un deleite. Regresa tras su ante­rior paso agri­dulce por nues­tra tie­rra: si él se lo pro­pone, puede ocu­par un lugar espe­cial en el cora­zón de los mexi­ca­nos; su pai­sano ya se lo ha pro­puesto y le va ganando la par­tida. Cie­rra el sen­sa­cio­nal elenco Diego San Román, cuyo valor y entrega emo­cio­nan y que, estoy seguro, inten­tará robarse la noche.

Para ellos, el gana­dero Eduardo Mar­tí­nez Urquidi ha pre­pa­rado ocho dijes de Los Enci­nos, que deseo embis­tan con el con­cepto del escru­pu­loso cria­dor para que viva­mos una noche inol­vi­da­ble. Todo está puesto para que así sea: vivi­re­mos el toreo y goza­re­mos de la expe­rien­cia Juri­qui­lla, con carpa gas­tro­nó­mica pre­via y pos­fes­tejo. Bole­tos desde 400 pesos. Cita imper­di­ble, his­tó­rica. Ahí nos vemos.

Al día siguiente, aga­rra­re­mos carre­tera rumbo a León, “donde la vida no vale nada”, para otro gran car­tel en la segunda corrida de la feria, que cele­bra los 450 años de la fun­da­ción de la ciu­dad y los 150 años de su pri­mera edi­ción. Juan Pablo Sán­chez, tem­ple y capa­ci­dad; Juan Ortega, a quien deseo ver lle­gar tras un gran triunfo en Juri­qui­lla, y el hidro­cá­lido Héc­tor Gutié­rrez, gran torero con todo el poten­cial para con­ver­tirse en ídolo: carisma, valor, pro­fun­di­dad y la ambi­ción de colo­carse en lo más alto. Un dia­mante de nues­tra baraja que la gente debe cono­cer y apo­yar. Para ellos tres, un encie­rro de Peñalba, gana­de­ría de pres­ti­gio y gran­des éxi­tos en esa plaza.

El domingo, en Gua­da­la­jara, Gui­llermo Her­moso de Men­doza regresa tras su gran triunfo del año pasado, alter­nando con Calita, cuya última actua­ción fue arro­lla­dora, cor­tando cua­tro ore­jas y un rabo a dos gran­des toros de Ordaz. Diego San Román defen­derá su sitio en esa plaza y el joven his­pano Marco Pérez, de quien se espe­ran gran­des cosas, se las verán ante cua­tro toros de Villa Car­mela y cua­tro de Campo Real.

Haga­mos feli­ces estos kiló­me­tros de arte: que las carre­te­ras nos tra­ten bien, que embis­tan los toros y así triun­fen los tore­ros en un gran fin de semana.

Aba­rro­tando los ten­di­dos es como se defiende públi­ca­mente la tau­ro­ma­quia, que este año cum­ple cinco siglos en México.

X (antes Twitter): @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.