AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Cuando esta generación diezmada por la pandemia interminable creía que vacunado y encerrado como ladrón de película le salvaba, encontró un enemigo más: la salud mental, tan deteriorada.  Es un mal que aniquila gente pacífica. Hoy somos coleccionistas en pérdidas, pensando que tal vez los fantasmas regresan en invierno pues todo nos da vueltas. Vivimos con la tecnología y ésta nos enloquece, pues ofrece inseguridad, injusticia y cinismo.

Queremos abrazarnos con el deporte, pedirle consuelo y salvación pero nos condenan a contemplar el mundo desde el patio trasero. Y no hay salida. Hay que ver y escuchar la retahíla de sucesos que los medios nos dan como desean que sean, no como son. Porque ¿cómo justificar al Tata Martino que gana tres millones de dólares al año y tiene resultados mínimos?. ¿Cómo entender a nuestros jugadores incapaces ante rivales a los que suponían inferiores?.

Y luego escuchar que jugaron un mal partido y «van contra Panamá como una final» Encima, los seleccionados, guardan silencio y agachan la cabeza, como agradeciendo que el Azteca estuviese vacío, pues morirían del abucheo sin pandemia. Luego, divierte la forma como los medios militantes buscan eludir responsabilidades y salvar al grupo, creyendo que la gente es ignorante.

Estos jugadores ricos y arrogantes, ojalá aprendan de Luis Díaz (25) indígena colombiano de la tribu Wayuu que se ubica en plena selva, en Barrancas de La Guajira, cerca del Río Ranchería en Santa Marta, que se distingue por su pobreza extrema. Brilló en la selección de aborígenes y cuando llegó a Barranquilla, lo primero que hicieron antes de cualquier afán futbolero, fue alimentarlo pues estaba desnutrido. Ya después vinieron los goles y la primera fama.

Lo tomó el Porto, experto en detectar cracks y luego venderlos a precio de oro. Con la casaca albiazul jugó 18 partidos y marcó 14 goles. Liverpool jaló por él pero poniendo en la mesa 45 millones de euros. Tal vez Jurgen Klopp mira por el relevo generacional, pues ya Diogo amenaza a Firmino, Díaz a Mané y solo se mira inalterable al jefe Salah, por lo pronto. En Anfield, un indio colombiano pronto cantará con su hinchada «You’ll never walk alone» (Nunca caminarás solo).

El domingo se llevó buenos afanes, muchos gritos y angustias, de acuerdo al color preferido, pues la NFL se especializa en producir gente que se apoya en pensamientos de muchas fotos distintas, que tienen un inconformismo nato y son adictos en llevar la contra, como Joseph Lee Burrow (25) y John Matthew Stafford (33) que doblaron a Pat Mahomes y Jimmy Garoppolo. Ellos nos mostraron a todos con Bengals y Rams que hay muertos que están más vivos que uno mismo.

Vuelta pues a la salud mental. ¿Para dónde huir? El hijo de AMLO vive como un rey en Houston, los rusos amenazan a Ucrania, el crimen provoca la crisis del limón en Michoacán, llegan a 2100 muertes de mujeres en Juárez, la gente de Morena choca en Durango, Mr. Elizalde reaparece y se autonombra «frontal» y al vacío lo denomina «distanciamiento». Tal vez esta fiebre viene porque la vida es siempre la expresión de nuestros pensamientos dominantes.

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