Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

La península de Yucatán es sin duda una de las zonas geográficas más bellas de este país, y que más festejos taurinos ofrece a lo largo del año en más de 51 comunidades, los que llegan a alcanzar más de 250 celebraciones en las que el toro es el principal protagonista: corridas de toros, novilladas y festejos tradicionales propios de la península, que abrazó esta cultura alrededor de la veneración al toro y le ha dado desde hace más de cuatro siglos su propia interpretación, enriqueciéndola al ser parte fundamental de sus fiestas patronales.

Con profundo desprecio a nuestras raíces y tradiciones, un par de diputadas plurinominales —o sea nombradas, no votadas— del Congreso de Quintana Roo, aplicaron un madruguete legislativo la semana pasada, al presentar una nueva Ley de Bienestar Animal que prohíbe las corridas de toros y peleas de gallos. Ellas son Eugenia Solís Salazar, del PAN, con estudios de nivel medio superior, quien apenas cursa la carrera de Derecho; y Sonia López Cardiel, diputada independiente cuyo CV reza que sólo estudió hasta el bachillerato y su experiencia laboral ha sido a nivel medio en el sector hotelero, eso sí, remata el currículum con que tiene habilidades adicionales como terapeuta en balance de chakras y chakra yoga. ¡¿En manos de quién está nuestro país?! Legislar es algo serio, el análisis, consecuencias y estudio de pros, contras, afectaciones y beneficios, debe tomarse en serio, no como ocurrencias de quien en otros tiempos organizaba los juegos de alberca en algún hotel playero.

Lo más grave en el fondo es que quienes ocupan un lugar en el Congreso del Estado de Quintana Roo, no sigan el proceso correcto para presentar modificaciones o leyes. Esta ley antes mencionada, como fue aprobada, nunca fue llevada a mesas de trabajo públicas, no fue consultada ni debatida por la sociedad civil, y sobre todo no respeta los tratados internacionales sobre los usos y costumbres de los pueblos indígenas. Los cambios a la ley no estaban en la orden del día. Es terrible y peligroso para nuestro país que quienes están pagados por nuestros impuestos, hagan leyes infringiendo las leyes.

La Ley de Cultura y las Artes del estado de Quintana Roo, estipula en su artículo 6 las actividades consideradas culturales, y en su inciso IX dice: “La promoción de la cultura popular, los encuentros de cultura maya, las fiestas y festejos tradicionales, y toda expresión genuina del pueblo.”

Así las cosas, dos diputadas madrugan al congreso, infringen la norma, y modifican una ley que viola otras ya existentes y procesos legislativos del estado, cuyo resultado afectará a más de 32 mil familias que viven de la cultura de la tauromaquia y los gallos en la península de Yucatán. Desprecian nuestras tradiciones y ensucian la riqueza cultural de nuestro México.

Por eso pido respetuosamente al gobernador del estado de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, que observe el proceso ilegítimo de esta ley, así como su terrible afectación a la gente que vive con orgullo sus tradiciones y que será afectada no sólo económica, sino moral y culturalmente.

Diputadas y diputados de Quintana Roo, si quieren que México y su estado sea un mejor lugar para vivir, legislen a favor de la educación de los niños, el fomento del deporte alejará a los niños y jóvenes de la droga y del narco, amenaza constante en nuestra sociedad. Difundan la cultura local, no la desprecien.

En cuanto al medio ambiente, creo que con el sargazo deberían estar más que ocupadas, ya que —como supongo que saben— el turismo es realmente importante para su estado.

Defenderemos con honestidad, con la ley en la mano, nuestras tradiciones y nuestro derecho a decidir con libertad si nos gustan los toros y los gallos.

Prohibir no es legislar.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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