Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Este próximo viernes, San Miguel de Allende se viste de gala para celebrar la cuarta edición de la Corrida de la Insurgencia, la cual encierra un sinnúmero de matices y significados, que a lo largo de nuestra historia como país nos han definido.

1810 marcó el rumbo del México actual, la rebelión de hace casi 209 años tuvo como principal meta lograr la independencia de la Corona española, para nacer como un país autónomo y soberano, con el único objetivo de elevar la calidad de vida de sus habitantes. Desde entonces la tauromaquia ha sido parte fundamental de las tradiciones, usos y costumbres de México. El mismo general Ignacio Allende fue un gran aficionado, incluso está documentado que gustaba de practicar el toreo.

Debemos mantener vivas las tradiciones y difundir la esencia del sentir de un pueblo formado por distintas culturas y razas. Hemos conformado un país cuyo potencial es inmenso y en el que uno de los principales valores es la bondad. Es palpable cómo la sociedad se transforma en un ente único y poderoso en momentos de tragedias como los terremotos, por ejemplo, cuando lo único que nos importa es el bienestar de nuestros hermanos.

En la búsqueda de este bienestar, los organizadores de la Corrida de la Insurgencia han decidido que lo recaudado en esta cuarta edición sea en su totalidad a beneficio del DIF municipal. Esta noble decisión tiene muchas lecturas, y me enorgullece como taurino ratificar que somos una parte de la sociedad que ama a México, que defiende sus derechos al acceso a la cultura —adquiridos hace más de 430 años—, y los promueve con orgullo.

Qué mejor lugar que San Miguel de Allende, ya que forma parte de los festejos por haber sido nombrada La Capital Americana de la Cultura 2019; hecho aunado a la celebración del aniversario 250 del natalicio del general Ignacio Allende. Además, jueves, viernes y sábado se llevará a cabo la asamblea de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia.

Joya de nuestro país, destino cultural, turístico y de placer visual, gastronómico y arquitectónico. Pero San Miguel de Allende no sería lo que es, sin su gente, desde el paletero hasta el galerista, la policía o los hoteleros, chefs, meseros, globeros, boleros, artesanos, todos y cada uno de ellos, que asumen la responsabilidad de formar parte esencial de una de las ciudades más bellas del mundo. Orgullo de México, orgullo de Guanajuato.

La Corrida de la Insurgencia, para estar a la altura de la ciudad, su magia y su esencia, en esta cuarta edición ofrece un cartel taurino magnífico: Joselito Adame, hombre que ha llevado con orgullo y éxito el nombre de México por todo el mundo; Octavio García El Payo, torero de inmensa calidad y sentimiento, que apenas el domingo pasado soñó el toreo en la Plaza México y que se presenta por primera vez en esta emblemática fecha del calendario taurino mundial; y para rematar el cartel, la ciudad reconoce y engalana la trayectoria de un novillero triunfador, sanmiguelense de nacimiento, Francisco Martínez, quien tomará la alternativa. Se lidiarán toros de seis hierros distintos; desde aquí mi reconocimiento a los ganaderos, que en el afán de sumarse de manera altruista al proyecto, han donado un toro cada uno: Xajay, Campo Hermoso, De la Mora, Los Ébanos, Santa Inés y Marrón.

Lo que hace realmente distinto a este festejo es la indumentaria de los toreros, trajes inspirados en aquella época, confeccionados por el talentoso sastre taurino mexicano César Gutiérrez. La artista invitada a intervenir el ruedo y la plaza, además de elaborar el cartel conmemorativo es la potosina Isabel Garfias, de estirpe ganadera, amante del toro, y una de las mejores exponentes plásticas del colorido y esencia de una mexicanidad que emociona al admirar su arte.

Te invito, amable lector, a no dejar pasar la oportunidad de vivir esta experiencia sensorial que significa la Corrida de la Insurgencia en San Miguel de Allende.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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