Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

México está en el patio de cuadrillas. Tras la elección del domingo, histórica y de suma trascendencia para el futuro del país, los mexicanos nos encontramos en ese espacio que tienen todas las plazas de toros del mundo. Sea la plaza de mayor categoría, una monumental o una plaza de trancas, el patio de cuadrillas es un sitio en el que se respira incertidumbre y miedo, pero a la vez ganas por ya salir al ruedo y lidiar al toro que horas antes se designó en el sorteo.

“La suerte está echada”, sólo que esta vez no ha sido la suerte, podríamos decir: “el voto está dado”. Todos y cada uno de los mexicanos responsables de este país hemos salido y cumplido con nuestro derecho y deber como ciudadanos, de ejercer libremente el voto. La tarea está hecha. Ahora con responsabilidad, civismo y madurez social debemos de aceptar el resultado que nuestras instituciones han dictaminado en uno de los ejercicios electorales más transparentes de nuestra historia.

La tauromaquia es aplicable a la vida misma, por eso estos párrafos tienen la intención de hacernos pensar y asumir lo que la suerte en el toreo, o el voto en la vida ciudadana, nos depare.

El torero, en los minutos que está en el patio de cuadrillas, pasa miedo, la boca se le seca, las palabras no le fluyen y el estómago se le contrae con la tremenda angustia de no saber qué depara la tarde. Lo único seguro es que tendrá dos toros para él. Si su preparación y vocación es intensa, la incertidumbre logra transformarla en concentración y deseo de estar ya con el toro, a solas, y descifrar su comportamiento para la creación sublime del arte de torear.

Así estamos como país, todos, unos y otros, del color y candidato que seamos, sentimos la angustia e incertidumbre que siempre nos presenta el futuro. Ahora bien, ¿cómo afrontar el futuro? Propongo que lo hagamos como toreros, con valor, sabiendo el riesgo y asumiendo nuestra responsabilidad. Podemos verlo blanco o negro; sólo depende de uno mismo.

Los que tenemos la manera de cambiar este país somos nosotros, tú y yo, los que a diario salimos a trabajar queriendo un México mejor. Tenemos cualidades como mexicanos para ser el mejor país del mundo, sólo que esto no llega fácil, requiere trabajo, honradez y valor. Como los toreros con cualidades, tenemos con qué, lo difícil y meritorio es aplicar esas cualidades al sacrificio de la rutina, a tener en claro el bien y el mal, y a asumir que la única manera de salir adelante y triunfar, es con dedicación, trabajo y verdadero amor por México.

En cualquier ámbito de la vida el sacrificio tiene recompensa; en el toreo es muy claro, aunque los tiempos del toro sean caprichosos. A cada torero un día le sale el toro que le puede cambiar la vida para bien, ya depende del diestro si es capaz de hacerlo pese a los cientos de factores que influyen en una corrida; tener la mente clara, el valor como herramienta y la entrega como virtud, y todo cambia.

Así veo a México. Ya sabemos el resultado final de esta elección, ahora debemos los mexicanos, como toreros, salirle al toro y hacer que las cosas pasen. Cada toro tiene distintas opciones en cada pitón; insisto, blanco o negro, ya depende del talento para hacer de los problemas oportunidades y del riesgo una apuesta ganadora.

Habrá tropiezos y cornadas, seguro, pero la fortaleza se demuestra en el número de veces que somos capaces de levantarnos, y México en su historia lo ha hecho una y otra vez, como buen torero.

Así que, ¡venga, al toro como país!

Twitter: @rafaelcue

 

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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