La fiesta está viva

Por: Rafael Cué *

Articulista invitado

La tauromaquia basa su fortaleza en el respeto a tradiciones y normas que durante cientos de años se han ido reglamentando, con el único objetivo de mejorar el espectáculo, resguardar la lidia y ordenar los festejos.

Quizá el cambio más significativo y adecuado en los últimos 100 años fue la obligatoriedad (estipulada en 1928) de usar peto en los caballos de pica. El acomodo de cada torero en el ruedo, el sitio de cada uno en el paseíllo, las distintas labores de los banderilleros durante la lidia, el tiempo en el último tercio, etcétera, obedecen a reglamentaciones hechas por toreros y profesionales de otras épocas.

Sin estar escrito en tinta, el mayor valor del rito taurómaco —para mí— es el respeto que se demuestra entre toreros y ganaderos, no solamente durante una corrida de toros, sino también, por ejemplo, en los tentaderos.

En la vida como en el toro, la antigüedad es símbolo de jerarquía, de sabiduría y de honor. En las añejas tribus, las personas mayores siempre tuvieron un peso específico en su opinión social, política y religiosa. En el toreo sucede lo mismo, la antigüedad tiene importancia en muchos ámbitos, el torero más antiguo, ya sea con o sin alternativa, es el director de lidia, es responsable incluso de poder suspender un festejo si las condiciones no las considera óptimas para llevarse a cabo.

El respeto a estas tradiciones nos lleva a poder disfrutar detalles de inmensa torería durante un festejo. Por poner un par de ejemplos, los subalternos se descubren de la montera para entregar la montera del matador; luego, el pasado 3 de diciembre pude disfrutar de un detalle de enorme clase, que quizá pasó desapercibido para muchos, pero se los cuento: al término del tercio de banderillas, en el segundo toro de Enrique Ponce, sus alternantes, Joselito Adame y El Payo, regresaban al burladero de matadores, llegando primero El Payo a la boca del burladero, quien con torería se detuvo para que llegara José, más antiguo que él en alternativa, y le dejó pasar primero, gesto que agradeció el hidrocálido al queretano, con un leve movimiento de cabeza, también lleno de torería.

Al abuelo, patriarca de cada familia, se le suele ceder el mejor lugar en la mesa, los nietos van a saludarle en gesto de respeto a su jerarquía, como debe de ser, desde mi punto de vista. No un “besa manos”, pero sí reconocer la experiencia e importancia en los esquemas sociales, familiares y taurinos.

Para la corrida extraordinaria del pasado 12 de diciembre en la Plaza México, se decidió alterar el orden de lidia de los ocho diestros, para que el público tuviera la oportunidad de disfrutar de la actuación de un español, un mexicano, un español y así consecutivamente, siempre respetando la antigüedad de cada uno de ellos. Esto provocó disgusto en muchos aficionados, que sintieron que el toreo había llegado a su fin, que la vida no valía nada y que era mejor acabar con todo de una vez.

A toro pasado, el festejo por muchas circunstancias resultó un enorme triunfo de la tauromaquia. En ese momento, en lo personal, consideré acertado el cambio, para no ver cuatro hispanos y luego cuatro mexicanos, no por otra cosa, sino como variedad, ya que los ocho matadores cuentan con credenciales e interés de sobra. Se informó que sería por esa única tarde, como excepción.

Cuando ya no me gustó el tema fue el pasado domingo 17 en Mérida, plaza importante y de afición respetable, donde se alterara el orden de lidia y no se respetara la antigüedad de los actuantes. Aquí el punto no es quién se beneficia o quién va primero, aquí el tema es que sin razón alguna se modifique una tradición, sin consenso, respeto ni argumento.

La tauromaquia hoy más que nunca es universal, si la fiesta de los toros requiere modificar el orden de lidia, señores profesionales de los nueve países taurinos, reúnanse, debatan y decidan lo mejor para el espectáculo, pero con respeto y consenso.

Imperdonable el “aquí sí y allá no”, o “si me conviene lo hago y si me dejan también”. Respetemos lo que amamos. Nadie debe estar por encima de la ley o de las tradiciones. No estoy negado al cambio, lo que no debe ser es el abuso de poder y el desprecio a un país que abre las puertas de par en par.

 

Twitter: @rafaelcue

 

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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