Mi madre tenía un gusto enorme por los famosos tacos al vapor, pero no por cualquiera de éstos, sino por los gloriosos tacos sudados del Estadio Corona; así los llamaba ella, por lo cual yo los conozco con ese nombre. Creo que solo iba al estadio por su dotación de tacos sudados y para ver a Pony. La experiencia que era ir a ese estadio caliente era grandiosa, parecimos diablos de muchas regiones citados a la misma hora en el mismo infierno, desesperados por obtener la mejor localidad para presenciar el sufrir del visitante; la única duda con la que se llegaba era ¿Cuántos? o ¿Cómo? Pero la victoria era trámite, y el ganar, también. (Corona patrocínanos)

Mi itinerario junto a mi acompañante – a veces mi padre, mamá o hermana – era tomar el transporte público que nos dejara a pie de Blvd. Ávila Camacho para comenzar la aventura, comenzando por la compra del lonche de adobada – mixto, por supuesto –, las tradicionales semillas y darle la vuelta al pequeño estadio observando el folclor, preparándonos porque la espera sería larga, aproximadamente de tres horas.

Sentados esperando el ritual; los amateur sufriendo sobre un pequeño pedazo de periódico, los expertos sabían que se te podía olvidar todo menos la herramienta principal: la almohada; las ansias por ver jugar al equipo eran mayores que el calor vivido; el soundtrack de la espera, un tambor tocado por un apache, y el hombre vestido de mujer bailando. Mi localidad era detrás de la portería norte, pegado a la malla de la porra visitante, porque para el segundo tiempo ahí “te abrazaba la sombra”, eso es lo que me decía mi papá. Si no se tomaban las precauciones necesarias, seguro que terminarías viendo el partido medio sentado en los escalones de los pasillos, porque el separo de metros lineales de grada era presente, aficionados que por poco terminaban en el Blvd. Independencia con sus reservaciones.

Las chicas de los patrocinadores – hoy muy guapas, ayer la chicas de los balones – era la señal de que la espera pronto concluiría; la tradición era que estas chicas aventaran balones de regalo a la tribuna; papá y yo nunca atrapamos uno, mi mamá y mi hermana algún día llegaron a casa con un balón. Aparte de deliciosos, creo que esos tacos sudados daban superpoderes.

Cuatro de la tarde: se presentaba Adrián Martinez “El grande” a darnos la bienvenida con un fiel saludo; y de ahí, pasando por un par de lonches, veinte pesos de semillas y tres refrescos llegaba el resultado; seis de la tarde era el registro de la hora de muerte del visitante; esa hora era la oficial, moría desde que salía a calentar.

La evolución del futbol se vive día con día. Llegará el momento que se juegue sin árbitros; el romántico dirá que el futbol era mejor cuando el árbitro se equivocaba. Cuando las cosas no andan bien, se cita al pasado observando solo lo recaudado, pero ignoramos la merma. Observé muchos partidos de liguilla por televisión porque no alcanzaba boleto. Me di cuenta de que el concreto caliente terminaba por cobrar factura cuando dormías la noche del domingo ya sin adrenalina.

La alegría que era ir a ese estadio equivalía al sufrir físico.

En cada partido se avientan nombres de jugadores que podrían resolver los problemas que tiene el equipo. Creo que de eso no se trata, me topé en internet con la columna de un loco comentarista, ¡sí! es ese que están pensando, donde mencionaba la propuesta de repatriar a Ceballos, Cándido y Escoboza.

¿Verdaderamente está loco? Ceballos, sangre tibia: por más que Pedro le encendía la mecha, nunca explotaba; De Buen es mucho mejor, tiene el mismo toque, la misma claridad y más experiencia, así que no me venga con eso. El volumen de juego de Cándido es nulo; sí, muy habilidoso, pero en sus recorridos poco aporta a la defensiva; la suerte que tiene es que es zurdo, solo por eso está en selección; Hinestroza, con más sacrificio, trabaja toda la banda como lateral y volante. A Escoboza después de la lesión se le cerró la banda; pisar el balón cuando llegaba a línea de fondo para apoyarse al centro era el futbol de Alonso el último torneo; convirtiendo a Sandoval, sería un jugador más útil; Gael aún está en el proceso: atrevido, sin miedo a encarar, ojalá y así continúe.

 ¡Ahí está! Los nombres citados en la columna mencionada son de menor calidad que los jugadores actuales; claro ejemplo de que el pasado no resolverá el problema, con lo que está y con quien está se debe corregir… Ya me puse violento, yo tan romántico que soy.

Es inevitable no sentir frustración cuando las cosas no andan bien con el equipo de tus amores. Es inevitable dormir pensando ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué no se gana? Es inevitable pensar en el descenso, un tema que gracias a lo vivido no se quiere volver ni a mencionar. Es inevitable poner el futbol como prioridad, somos un país que fue educado así. Con lo que me quedo es la hermosa convivencia familiar que se vive, los bellos recuerdos que durarán para siempre. El concepto del futbol tiene algo de eso; así que gocen este deporte lleno de todo: de locos, corrupción, violencia etc.

¿Cuál era el itinerario de ustedes al ir al estadio Corona? ¿Lo recuerdan?

Twitter: @pera10

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