AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Los grandes atletas son recordados en sueños de blanco y negro, como las viejas películas, porque en provincia los diarios tenían una información traducida de aquella famosa agencia AP que llegaba en cables pero daba la impresión de ser spanglish, por difusa y simple. Los fans tenían que escuchar la radio y poner en juego su imaginación. De alguna forma eso hizo crecer el conocimiento con la obligación de no distraerse, porque ese beisbol que narraban era siempre con un sabor antillano y con un vocabulario propio del cine de rumberas de Juan Orol (1897-1988). 

La TV vino a destronar las voces del caribe, cuya pronunciación del inglés daba risa. Ahí pudimos conocer la potencia de Bob Gibson, la zurda maravilla de Whitey Ford, el wind up sinigual de Sandy Koufax, la versatilidad de Don Drysdale, el formidable Denny McLine, que en 1968 tuvo un increíble 31-6 con Detroit. Claro, Mickey Mantle, Maris, Berra. Esas imágenes dieron sitio al amor por el beisbol. Era un show donde llegábamos seguros de obtener emociones.

Cuando esos héroes del juego maravilla se van de los diamantes y se esconden con sello de anonimato y, claro, vienen otros, se van quedando un buen grupo de ellos en la memoria, porque son como partisanos guerreros que expanden su arte al mundo con generosidad, como un regalo de vida. Y se acumulan, se va haciendo una colonia, porque son los personajes del cuento.

El sufrimiento viene cuando se van, y más, al verlos en declive, porque por años transformaron la ansiedad en alegría. Con la claridad de su talento iluminaron el terreno, cambiaron la imagen de los vampiros que viven por la sangre del creyente que sigue el juego como recta al cátcher. Cuando se ve la tristeza del que se va, uno comprende que debe curarse primero, y mirar el final sin llorar.

Es el caso de Justin Verlander (43) que en el open week salió en Arizona con la casaca de Detroit, la que lo dio a conocer hace 20 años, y que ha sido un formidable lanzador derecho, con un total de 268 victorias por 169 derrotas y 3,554 ponches. Fue de Detroit (2005-2017), Houston (2017-2022), Mets (2023), Houston (2024), Gigantes (2025), y la vuelta a casa, donde ha recomenzado apaleado con cinco carreras y seis jits en solo dos entradas. A un lado quedaron las marcas: dos veces campeón en Serie Mundial (2017 y 2022), tres veces ganador del Cy Young en Liga Americana (2011, 2019 y 2022), MVP Liga Americana (2022), Novato del año (2006), 9 veces llamado al juego de estrellas. Y ahora, se va a lista de lesionados con problemas en su cadera derecha. El final está cerca.

En su tiempo grande, 2011, con 24-5 decían que era irresistible, como un toro violento, áspero y peligroso. Perseguido por lesiones desde hace tres años. ¿Debió irse antes? Es difícil saberlo, pues el mundo está lleno de vivencias donde se confunden el amor, el ego y la vulnerabilidad. La gente quisiera verlos como líderes de vida eterna, aun cuando vivimos un mundo donde ya nadie es normal. El beisbol sigue, con héroes nuevos, mientras los antiguos se pierden de vista.

En la dinámica loca del presente nadie tiene el poder de la ubicuidad. El beisbol, como todas las pasiones, es una máquina de sueños y de lágrimas. Quedamos los fans, con la facultad de ejercer nuestro papel con toda voluntad, y como parte de un hermoso circo de tres pistas.

X (Antes Twitter): @Tovar1TV