AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

La inagotable mística del brillante abogado Adolfo López Matos (1908-1969) lo llevó a transitar en diferentes escenarios.

Sus compañeros y amigos cercanos lo definían como un adonis mexiquense que gustaba de la oratoria, la caminata, los amoríos y la bohemia. Quienes lo escucharon, comentaban que su estilo en el foro deshojaba emociones y detalles de un fino estilo.

Orador oficial en el bando vasconcelista, conoció el gremio de la radio y lo abordó, participó en los micrófonos de la XEW entre otras, se hizo amigo de todos y siguió su camino político. Ya como Secretario del Trabajo en la etapa de Adolfo Ruiz Cortines se adentró en la lucha por mejorías para los trabajadores, en reformas importantes que fueron reforzando el camino de la gran industria.

Siendo presidente de la República (1958-1964) Don Adolfo reforzó la idea de que el 14 de septiembre se celebrase el día del locutor, aunque ya había sido instituido por Francisco Neri Cano, que fue líder de la Asociación nacional de Locutores y se celebraba desde 1957. La primera reina del gremio fue la actriz Elsa Aguirre, a quien ninguna de las actuales podría superar, por la simple razón de que era una belleza natural y ahora todas han pasado por las cirugías.

Cuentan que López Mateos tenía una gran personalidad. Que cuando se hartaba del trajín, “se escapaba” de su escolta y se dirigía a Toluca, donde estaba parte de la familia, donde vivió por años y donde los amigos lo rodeaban. Uno de sus placeres era manejar su Ferrari por el famoso Paseo Tollocan, a gran velocidad, esconderse en Valle de Bravo o disfrutar de Ixtapan de la Sal.

La Ley de la Radio y la Televisión fue impulsada por ALM en 1960 y con ello refrendó su protección para la industria donde fue astro, como parte de una afición, porque su palabra tenía la necesidad de salir al aire y conquistar auditorios, ahí superaba adversarios, con su elocuencia expresiva, con su voz robusta, ademán expresivo y capacidades naturales para la improvisación. Eran otros tiempos y él conquistaba por imagen. Era como un actor irresistible.

Ayer, los locutores han celebrado su día y se ha recordado a vivos y muertos con cariño.

Decenas de hombres cuyas voces han llenado el aire. En la región, quien dio mayor espacio para ello fue el recién fallecido Miguel Salas Páez y la fecha ha servido para escribir en la memoria tantos nombres, tantos detalles, tanta gente, tanta historia. La radio no tiene fin.

El departamento de educación audiovisual de radio y televisión de la SEP hacía exámenes que todos temían. Uno escrito, que si solventaba, pasaba al oral, que era muy difícil. Generalmente solo aprobaba, cuando mucho, la cuarta parte. Hoy, de forma increíble la SEP prefirió eliminar los exámenes y deja que las empresas escojan su gente. Es decir, hoy cualquiera puede ser locutor. Eso ha prostituido el lenguaje y el comportamiento en la industria, bajando su nivel de calidad.

Hemos visto cantidad de gente desfilar por los micrófonos y escenarios de la radio por años. Algunos viven, otros se han ido. Al mencionar gente, uno suele olvidar a otros y mejor, la voz de agradecimiento a todos, porque cada uno deja una huella, un aprendizaje, una vivencia. Se les mira con ternura, dolor, trascendencia y humor. El tiempo no puede ocultarse en cajones.

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