AL LARGUERO
Por: Alejandro Tovar Medina
Articulista invitado
Hay fines de semana donde toda primera imagen asalta la imaginación, porque vivimos en un mundo diabólico, donde no siempre la justicia premia al mérito, donde hasta parece que Jerry persigue a Tom y donde hay personajes que escapan del laberinto y escriben su propio guion, como Pumas, que el viernes salió en CU a cazar incautos y se lució ante defensores permisivos.
Al otro día, cuando uno supone que los medios y más la TV debieran ser fuente de conocimiento, llegan con la conciencia de un mundo que se acaba, porque América permite que se vaya Saint-Maximin sin dar claras explicaciones, y que Fidalgo regrese a España llevado por el Betis, y lo importante no es el tono para contarlo, sino la forma como manipulan todo hasta casi el llanto.
Más tarde, el osado Adonai Escobedo le sacó una tarjeta roja en León al viejo Gignac, cuya actitud belicosa, altanera e irrespetuosa nunca varió con el tiempo, y de paso dio una bofetada a Láinez, su compañero. Las notas hablan de “la primera vez que es expulsado” cuando debe anotarse que, por fin, alguien se animó a hacerlo. Fue ahogarse con el teléfono en la piscina.
A la madrugada, el despliegue del fenómeno Carlos Alcaraz (23), que primero descabezó a Zverev, y en la final se acomodó frente al histórico Djokovic. Raqueta de oro, el muchacho de Murcia completó una obra genial. Primero US Open, luego Wimbledon, Roland Garros (2) y ahora Melbourne. Un artesano de tenis, maestro generoso, feroz y agudo, con autoridad y coraje. Viendo a semejante héroe, uno descubre que aún hay espacios para descubrir pasiones que valen la pena.
Cada vez, como espectadores o lectores cansados de discursos simples y fantasiosos, se van necesitando rachas de alarido y sorpresa. Para ello la cita dominical del Bernabeu, donde el Madrid choca con un Rayo Vallecano con carisma y vehemencia para convencer. Con el 1-1 brillando, con la tribuna exigiendo y silbando a los suyos, con el arquero rival (Batalla) atajando todo, vino un penal a los 100 minutos (tremendo alargue) que marcó Mbappé, cuando todo parecía una crisis de la mediana edad. No es el entorno para detenerse y escuchar emociones, sino para darse cuenta de que, al menos en este partido, el Madrid no fue un equipo español, sino cosmopolita, pues jugó con dos hispanos (Asencio y Huijsen) y el resto fueron Courtois, Valverde, Camavinga, Tchouaméni, Güler, Bellingham, Mastantuono, Vinicius y Mbappé. Un grupo multicolor.
Esta semana dudamos porque nos invade el miedo a elegir mal, ¿Patriotas o Seattle? Pensamos en colectivo que las guerras las sufrimos todos pero no las perdemos todos. Dicen los filósofos que, si quieres tener nuevas ideas, debes leer libros viejos. Seguimos prefiriendo Frankenstein, la obra de Mary Shelley, porque él se asemeja a los Halcones Marinos en su uniforme negro. En el fondo, uno desea que sus acciones puedan aportarnos una dimensión extra. En casa, Santos Laguna es la gran herida colectiva. Un punto de doce disputados y una imagen de tristeza. En CU apareció extraviado y sin respuesta. Jordan dejó de ser común y les marcó dos, y las palabras de su DT al final fueron claras. Los acompaña la controversia y el escarnio, con tendencia hacia una clara mediocridad. En estos casos uno recuerda que afición, cuerpo técnico, dirigencia y medios acompañan, pero el futbol solo pasa por los jugadores.
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