AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Perdidos en los pasillos del miedo, la gente que por meses ha volcado la culpa en la pandemia, está urgida de buscar otros conceptos que le convenzan y que le inventen salidas a la maldición, porque aún cuando el pueblo se ha fabricado vidas colaterales, ya no son material suficiente y siempre la realidad, arrasa. Somos una sociedad que se consume como la antología del llanto. 

Y porque el mundo actual es un poco irracional, los hombres tornan sus afanes en indiferencia y mira su entorno solo de reojo. El sábado despreciaron que Gales superase a los mexicanos y no lo sufrieron, han perdido sensibilidad y hasta ni culparon al irredento Martino que se equivocó en todo y vio que a los suyos les faltó chispa, ambición, deseo, voluntad. No dieron sensación de fe. 

Don Tata, sin Jiménez, no encuentra al hombre y con el inquieto Chuky borrado del mapa, sin balones a modo, dejó al joven Luis Romo en el banco, cuando pasa por su mejor momento. ¿Qué no sabe de lo que es capáz el chico de Los Mochis? Con 23 encima, prefirió picar piedra en Querétaro, con gran voluntad porque de fallar volvería a pescar en su tierra y se impuso, pues tiene carácter. En ello vino la lesión de Güémez y la oportunidad que le dio Rafael Puente del Río. 

Los medios en este tiempo, ya dejaron de creer en el poder de las letras, para con una literatura modernista impulsar los amores del pueblo en su deporte, ahora solo especulan, mienten y permiten o hasta crean la división de opiniones para su beneficio, desoyendo su misión de informar y educar a su auditorio; tal vez porque en la vida, la virtud es lo más difícil de alcanzar. 

Esta gente entonces, mal orientada y en plena etapa de pérdida de identidad de sus propias amores básicos, busca llegar a la conclusión de que debemos dejar de culpar de todo a la pandemia y volver a ser nosotros mismos, entusiastas, ligeros, alegres, aunque también es exigir demasiado, porque los viejos ya estamos vacunados y los jóvenes tienen las emociones en piloto automático. 

El desaliento se da por opiniones de gente cercana, cuando debemos creer en la voz nuestra por eso vemos que el pueblo verdiblanco llora en silencio su angustia porque su pistón Gorriarán está perseguido por los médicos que desean llevarlo al quirófano y por más que se hable de cantera, con un equipo carente de profundidad en el banco, nos van asaltando las dudas, a no ser que Almada decida poner al silencioso Elizalde de ocho. 

A los soñadores les gusta jugar con frases atractivas para sus almas sensibles, como aquello de que la ilusión es una flecha en el aire o que vivimos en un espacio donde habitan los sueños, cuando en realidad estamos en el laberinto del deseo, porque a Santos Laguna se le agota el parque y su plantel es de prisioneros de sus sueños, con los terrores de sus propios fantasmas. Y uno quisiera dominar a los monstruos que nos habitan pero son los límites que provoca el amor.

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