LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

En el toreo el miedo es la incertidumbre; todos los toreros asumen el riesgo de su vocación, por lo que siempre existe la preocupación del daño físico, como es natural, pero sin duda alguna el mayor miedo se encuentra en no poder expresar ante y con el toro lo que llevan dentro como artistas. El no ser capaces de ver las condiciones del toro de inmediato, entenderlas, procesarlas y aplicar los argumentos técnicos para poder torear, todo en fracciones de segundo, ese es el mayor miedo de los hombres que visten en seda y oro.

Los momentos más delicados para la gran mayoría de los toreros se viven horas antes de comenzar la corrida, en la soledad del hotel, donde el hombre lucha con el torero que lleva dentro para entregarle su alma y que sea el artista quien dicte su destino horas más tarde.

La incertidumbre es angustia, desesperación de ver el lento paso de los minutos hasta que salga el toro al ruedo y entonces poder descubrirlo y entenderse con él, crear, gozar, poner la vida de por medio para consumar la máxima expresión artística, que es el toreo.

Vivimos tiempos de gran incertidumbre como mexicanos, no sabemos qué nos deparará el destino en lo económico, laboral, político y social. Así como los toreros, debemos transformar la incertidumbre en valor. El miedo existe sólo en los valientes, quien no tiene miedo no es valiente, es inconsciente.

Así como los toreros exploran su “yo” artista, entrenando miles de horas en toreo de salón, toreando en el campo y pensando en el toro para poder lidiar con la incertidumbre y convertirla en valor a la hora buena, los mexicanos debemos hacer lo mismo, debemos pensar muy bien qué país queremos ser y no qué país quieren que seamos. El futuro está en nuestras manos, en las de todos, y sólo con unión, trabajo y sacrificio, podremos salir adelante.

El mundo de los toros es un microuniverso peculiar. Las reglas del toro llevan años funcionando en un cosido no escrito, donde únicamente se puede subsistir a base de honradez, trabajo y amor a la cultura de la tauromaquia.

Esta cultura pertenece al pueblo y cada generación es responsable de su evolución o involución; esa es la gran responsabilidad que tenemos todos y cada uno de los que la amamos y abrazamos sus valores para afrontar la vida diaria. El aficionado es el eslabón más importante y el aval del trabajo de profesionales. Para que esto funcione se necesita el perfecto engranaje de muchos pequeños eslabones.

El lubricante más importante para que esta compleja maquinaria de intereses y vanidades funcione correctamente, es la buena voluntad y la pasión, ingredientes que no son visibles, pero sí se perciben.

Esta época de crisis humanitaria le ha permitido al medio taurino reflexionar, analizar y proyectar acciones pasadas y futuras para engrandecer esta cultura y fortalecer su presencia dentro de los pueblos que llevan abrazándola por más de cuatro siglos.

Esta dolorosa pausa se ha convertido en incertidumbre, debemos cada uno desde nuestras trincheras, todas igual de valiosas, convertirla en valor y convicción, estar abiertos al cambio, respetando el gran valor de la liturgia taurina, y adaptarla a nuestros tiempos.

Las crisis se convierten en oportunidades cuando la sociedad está preparada; tal y como los toreros son capaces de leer defectos y virtudes en los toros, debemos como sociedad taurina unir esfuerzos, así como establecer estrategias de comunicación para engrandecer esta cultura que pertenece al pueblo; nuestra responsabilidad es trabajar para ella en la época que nos corresponde, con del fin de heredar sus valores a las generaciones que deberán hacer lo mismo en su momento.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.