AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Decía un viejo periodista argentino que antes éramos ignorantes porque carecíamos de noticias y que hoy estamos destinados a serlo también porque nos sobran. Sobra información pero falta la selección, el análisis y la disección del alud de notas que la tecnología nos ofrece, sin que seamos capaces de superar ese gran tsunami, parte por pereza, por costumbre y cursi cultura modernista.

Antiguamente cuando la juventud era plena, los fans que saludábamos a Laguna y Torreón recién ascendidos, veíamos sorprendidos que nuestra gente cuando se sentía contenta, despedía con aplausos a gente como Yamasaki, Mendoza Guillén y Bonifacio Núñez, árbitros de supuesta prosapia. Esa misma gente aplaudía a los muchachos locales que eran expulsados, por riñas o agresiones, cuando eran en ese momento reflejo de la indisciplina. Afición noble e ignorante.

Llegamos a ver cómo Coco Rodríguez, el famoso arquero de Chivas, noqueaba de un derechazo a la mandíbula a Chuleta Aguilar, que durmió unos minutos dentro de la portería, luego de un entrevero, sin que se marcase nada.

El mismo Jaime López (f) con el Guadalajara, tomó y rompió el pantaloncillo de Lobatón (f) cuando el moreno escapaba. Lo jaló y desnudó a la vista de todos. Eran tiempos donde se creía que no había sanciones por simples yerros arbitrales y nada más.

Aunque el futbol y sus recuerdos son como rebanadas de vida, llegamos a un tiempo que con la tecnología infinita a la mano, ya no puede suceder lo que el domingo, cuando Nahuel agredió al joven Aguirre fingiendo ser bloqueado al intentar un despeje, cuando Eduardo solo estorbaba.

Ni Pérez Durán ni la gente del VAR hizo revisión y las redes reaccionaron, junto con los medios de forma unánime. Era penal y expulsión. El silbante mostró la disparidad de los criterios arbitrales.

En España, desde 1999 cuando Mono Burgos, entonces portero del Mallorca golpeó a Serrano del Espanyol en un tiro de esquina, sin que el árbitro se diera cuenta, ese tipo de agresiones es sancionado con la prueba absoluta de la transmisión televisiva, como es el caso. Burgos, hoy auxiliar de Simeone en el Atlético Madrid, fue castigado por once partidos de suspensión.

Con Guzmán debe haber algo similar, por simple apego a la razón y a la justicia con evidencia clara.

Por lo demás, solo debemos comprobar que Almada solo tiene un plan de juego, sin variantes. No tiene un objetivo “B” a la mano, aunque su gente es notable en lo físico y en el esfuerzo, está claro que hay muchas luces pero igual, demasiadas sombras y el futbol, todos lo sabemos, es un teatro donde los personajes cambian su papel semana a semana.

Se aferra el DT a su idea única y es legítimo porque además no tiene culpa de que haya elementos como Orrantia cuya técnica y golpeo de pelota son tan deficientes, que se hace un experto en oportunidades fallidas.

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