La estrepitosa caída de Italia ante Bosnia y Herzegovina no es un accidente, es el colapso de un modelo que privilegió el negocio sobre la identidad. Ver a una tetracampeona ligar su tercera ausencia mundialista es una tragedia que Fabio Capello define así: en Italia, el éxito de los clubes terminó por devorar el alma de la selección. El luto es total, pero las señales estaban ahí, ignoradas por una dirigencia que se niega a dimitir a pesar del naufragio.
La contradicción es lacerante
Mientras las selecciones menores de Italia alcanzan finales mundiales, a esos jóvenes se les niegan oportunidades en la Serie A. El talento nativo se asfixia en la banca de una liga de 20 equipos que prefiere el refuerzo foráneo o el beneficio fiscal del “Decreto Crescita” antes que a sus canteranos. El resultado, se forman juveniles de élite que nunca llegan a ser profesionales consolidados por falta de minutos.
Una cucharada de su propio chocolate
Gennaro Gattuso intentó, en un año como DT y con solo ocho semanas de trabajo real en fechas FIFA, implementar un estilo asociativo que chocó con la falta de ritmo de sus dirigidos. Querer jugar con ataque fluido, sin centrales con oficio ni delanteros fogueados, resultó una misión suicida. La paradoja, la squadra Azurra tuvo el 70% de la posesión, pero fue incapaz de romper el cerrojo rival. Fueron víctimas de su propio invento, el “catenaccio”, sin un “9” de jerarquía para responder.
El impacto de la Serie A es incuestionable
Aporta 4,500 millones de euros al PIB italiano. Sin embargo, este músculo financiero no rescató el “gen ganador”. La eliminación representa una pérdida de 150 millones de euros en patrocinios, demostrando que una liga rica puede tener estadios llenos y estrellas importadas, pero una selección sin oportunidades para el “bambino” está condenada. El negocio es boyante, pero el alma deportiva está en quiebra técnica.
Cuando veas las barbas del vecino rasurar…
El luto italiano debería ser un libro de texto para los directivos en México. El espejo nos devuelve una imagen inquietante de lo que sucede al priorizar la rentabilidad sobre la formación. Al final, Italia llora su ausencia y para el Tri el “quinto partido” está garantizado… aunque sea solo porque esta vez pusimos el estadio para no pasar por el calvario de la eliminatoria.
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