Con la caída de Lindsey Vonn se escribió el capítulo más humano, doloroso y, paradójicamente, glorioso en la historia del esquí alpino. Lindsey, la mujer que desafió al tiempo y a la medicina para volver a los Juegos Olímpicos de Milano-Cortina 2026.

En el Olimpo del deporte, se mide la grandeza por el color del metal de las presas. Sin embargo, lo ocurrido este 11 de febrero de 2026 en las solitarias montañas de Cortina d’Ampezzo nos obliga a reescribir el concepto de éxito. Su caída no fue el colapso de una atleta veterana; fue el acto final de una epopeya humana que nos recordó que la gloria no siempre se encuentra al cruzar la meta, sino en el valor de presentarse en la línea de salida cuando todo el mundo te pide que te rindas.

VENCER EL «NO SE PUEDE».

Vonn llegó a los olímpicos con 41 años y un cuerpo con más de diez cirugías mayores y un reemplazo de rodilla, su regreso no era romper un récord, sus 82 victorias en la Copa del Mundo y 20 Globos de Cristal ya le daban un lugar en la historia del esquí. Su retorno era una declaración de principios. Lindsey no buscaba vencer a sus rivales veinte años menores, buscaba vencer al «no se puede». La tragedia de las cinco pulgadas, ese margen mínimo que la separó de una línea perfecta y la lanzó contra las redes, es la metáfora más pura de la vida. Como ella dijo: «A veces nuestros corazones están rotos… pero esa es la belleza de la vida; podemos intentarlo«.

LA HONESTIDAD DEL FRACASO DIGNO 

En un mundo obsesionado con la perfección sin fisuras y el triunfo inmediato.  Vonn nos regala la honestidad del fracaso digno. Nos enseña que el riesgo es el precio de la libertad y que soñar tiene un costo que ella estuvo dispuesta a pagar con creces. Hoy se hablará de su tercera cirugía y del fin de su carrera. Pero el verdadero editorial se escribe en el corazón de quienes vieron a la «Reina de la Velocidad» desafiar las leyes de la lógica una última vez. 

Lindsey Vonn se retira del escenario la olímpico con la frente en alto, no porque haya ganado, sino porque tuvo el coraje de saltar al vacío. Se va la atleta, pero se queda la leyenda que nos enseñó que, incluso en la caída, se puede alcanzar la gloria. Lo intentó. Soñó. Saltó. Y en ese vuelo, nos elevó a todos, es Reina del descenso.

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