AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

El futbol te da, entre el ruido de fondo de voces, a héroes de medio pelo, que viven contigo un conflicto perpetuo, y te convences de que nada volverá a ser lo que era, ni siquiera tus propias ilusiones, que tienen que ser medidas de partido a partido, porque su equipo lucha como un cosaco pero, como es común, termina perdiendo, y en ese forcejeo entre la pasión y las ideas, en los prejuicios y los miedos, recorre el hombre el proceso del descubrimiento de uno mismo. 

El futbol también te dice que hay una historia detrás de cada persona. En el Laguna de los años 60 jugaba un chico campesino de California, Dgo., Raúl Saucedo, que le pegaba a la pelota como un demonio. En San Isidro, en sus tiros libres, la gente esperaba el impacto con ansia. Si daba en la barrera, porque era de una potencia bruta, los defensores caían como pinos de boliche. Ahí, de niño uno aprendió que el futbol solamente pasa por los jugadores. El resto es complemento. 

Hoy en día la vida es de otra dimensión, hoy, con el teléfono móvil y las redes, vivimos más conectados que nunca, pero también cada vez más lejos de lo que importa. El ruido ahora es interior y solemos dejarnos llevar por una moda que provoca adicción. El juego de futbol también vive dentro de esa telaraña, y sus protagonistas son como los personajes de novelas románticas.

Antes del despegue, la afición caminaba sobre un mar de nubes y traía una mochila repleta de especulaciones, ilusiones y legítimos deseos. Termina después del 1-3 con Necaxa reprochando lo exhibido por Santos, temiendo lo que pase en Toluca este miércoles, y la gente se va agotando, porque se vive una fatiga permanente y la sensación de una pesadilla que nunca se termina.

Paco Rodríguez, dentro de su discurso muestra detalles que hablan de madurez, no recurre a aventuras ni quejas que lleven historias y ficción. Es claro, Necaxa en doce minutos señaló el rumbo con los goles de Oliveros y Badaloni, aprovechando yerros grandes de la zaga local. Después del descuento de Di Yorio vinieron fallos muy claros frente al arco, de Villalba y el propio Lucas, y el DT lo dijo claro: “mientras ellos fueron certeros, nosotros carecimos de la contundencia necesaria.” En un esfuerzo de abordar lo cercano para hablar de lo colectivo, se mostró honesto.

El campeonato mexicano ofrece diferencias de recursos importantes. Hay equipos ricos y medianos. Se ve que los pobres, que son varios, también sueñan y aman, pero no pueden expresarlo con el sentimentalismo de los pudientes, porque resulta difícil escapar de los límites de la realidad. Acaso como Hugo González, arquero del Toluca. Cuando fue del Monterrey cometió errores graves y fue masacrado por ello en los medios. El sábado apenas llegó como campeón y conservó el 0-1 de su equipo ante Rayados, desviando un penal a Sergio Canales, el astro español. Nos mostró a todos que no se puede quitar la oscuridad de la noche ni pintar de sombras el día.

La soledad, perversa en silencios y complicidades, nos puede recomendar que hagamos uso de actitudes decisivas para perder el miedo y no buscar la inmediatez, sino apegarnos a la fe y la perseverancia en cualquier actividad. La realidad es que el buen aficionado es como un artista, de esos que caminan pensativos en bosques de avellanos y crestas de abetos. Pueden los comunes no estar de acuerdo con ellos, porque son diferentes y saben que su arte y pasión siempre estará ahí.

X (Antes Twitter): @Tovar1TV