Yo quisiera preguntarle a un atleta de salto de altura: ¿Cómo saltar sin utilizar los brazos?, ¿cómo impulsarse con el solo resorteo de las rodillas? Bueno, ni Superman podía volar sin primero impulsarse con los brazos. Lo traigo a colación, por esa jugada tan polémica de la semifinal, donde supuestamente se perjudica a Pumas (si hubiera sido contra San Luis y a favor de los felinos, la cosa sería muy diferente, estoy totalmente seguro). Bueno, volvamos a la jugada: en mi opinión, sólo Santamaria puede saber si extendió el brazo para obstruir la llegada de Dinenno, o el brazo lo ayudó al impulso. La realidad es que; primero: nunca hubo un codazo, más bien el jugador universitario se estrella con el codo del atlista; segundo: Santamaría nunca ve a su adversario, repito, él extiende el brazo por impulso y quizá, para obstruir, pero nunca para lesionar. Por tanto, si se califica el impulso no es penal, porque el que se estrella es el delantero, pero si hay obstrucción, es un claro penal. Hasta el que escribe, tiene su criterio: ¡No fue penal! ¡Nunca vio al delantero y éste se estrelló!

En el futbol americano, cualquier jugador que jale del casco de un contrario, es penalizado, si tuvo la intención o no eso es otro boleto, lo cierto es que hubo el jalón y se castiga, el criterio no existe, es la regla y se acabó, el equipo va para atrás. En cambio, en el futbol, la regla es el criterio del árbitro o del VAR y eso mata cualquier reglamento. En el mismo partido sucedió: Dinenno, con una chilena en donde ni siquiera vio a Angulo, le puso un patadón que noqueo al rojinegro. ¡Roja directa! El criterio del árbitro determinó cuál si y cuál no, no el reglamento. Las reglas en el futbol tienen que ser claras, para que haya justicia. Si es mano, es mano y se aplica la regla, parejo para todos y así con todo lo demás. Se castiga más un pisotón accidental que una entrada mala leche de un central contra un delantero que está de espaldas. Un rodillazo en pleno coxis no es tan impresionante como el pisotón, y más si éste nos lo enseña la televisión en cámara lenta.

Juega la Selección Nacional con puros locales. Ningún europeo. Un juego molero. De esos partidos que tiene que jugar la selección por contrato y para darle circo a nuestros paisanos que son los que mantienen a los pinches promotores que juegan con el nacionalismo del emigrante. A Patachueca le ilusiona ver a tres laguneros: Antuna, Acevedo y Aguirre, primera vez que esto sucede. Además agréguele a Cervantes y Campos, los otros santistas convocados.  

La final. Un equipo con jugadores hábiles, creativos, rápidos; y el otro, un equipo más cuadrado, ordenado, construido desde la portería, sin mucho espectáculo, con 10 ceros en contra. Veremos qué futbol gana. Me gusta como juega León. Es más: lo hago favorito, pero por la afición atlista me gustaría que fueran los campeones. Veremos quién gana: la defensa o el ataque. La estrategia marcará el derrotero del partido. Así se juegan las finales. El espectáculo importa poco. Lo importante es el triunfo y ceñirse la corona.

Hasta la próxima.