LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Este día España celebra su día nacional, nosotros celebramos el día en que Cristóbal Colón llegó a América, no la descubrió, ya estaba ahí con sus majestuosas culturas indígenas, su amplio conocimiento en astronomía, arquitectura, aritmética y sus dioses, veneraciones y creencias.

El 12 de octubre se encontraron dos mundos, maneras distintas de entender la vida, explicar los misterios y asumir la fe ante lo desconocido, aceptando la superioridad humana sobre los animales, pero la inferioridad ante los poderes de la naturaleza.

Más de 500 años después, en España un grupo de resentidos, acomplejados y mal nacidos, no quieren ser españoles, escudan su mediocridad e inseguridad en el odio a su bandera, su historia, su cultura y su país. Triste modernidad, falsa democracia que esconde dejos de comunismo, corriente política fracasada a lo largo de la historia.

Humanidad cada vez menos humana. Así como en España el gobierno está infestado —no por completo— de estos acomplejados, en nuestro México padecemos por parte de algunos políticos oportunistas y cortos de visión e inteligencia, inundados de resentimiento y un cobarde mensaje, la misma negación de aceptar quiénes somos, de abrazar con orgullo nuestra historia y por ende nuestra cultura. ¿Creen que quitando la estatua de Colón en Reforma son mejores políticos, le dan a los mexicanos lo que desean? La ciudad es de todos y ningún político ni entidad tiene el derecho a decidir qué quitar, a restarle belleza a una de las avenidas más bonitas del mundo. ¿Qué sigue, derrumbar el Castillo de Chapultepec?

Este preámbulo otorga mayor sustento a la corrida de toros celebrada ayer en la plaza de Los Califas de Córdoba. Mano a mano entre un genio de la tauromaquia —qué dichosos somos los que podemos vivir y gozar en su tiempo—: Morante de la Puebla, alternando con un torero exquisito, también andaluz: Juan Ortega, ante toros de Jandilla.

Evento de categoría regenteado por una empresa emergente, Lances de Futuro, que ha demostrado que pensando “fuera de la caja” en la manera de hacer promoción previa a sus festejos, ha logrado estupendas entradas en los últimos años. Su respeto a la liturgia y entendimiento de los públicos, le han permitido ofrecer carteles de máximo interés para el aficionado.

Aforo al 30 %, todas las normas sanitarias visiblemente cumplidas, orgullo español al programar el himno nacional a la hora en que los toreros salieron al paseíllo, hombres de seda y oro, desmonterados en respeto a su bandera y su país. Durante el paseíllo, el pasodoble “Gallito” en honor al centenario del natalicio del “Rey de los Toreros”, José Gómez. Al finalizar el paseíllo, que pasó entre dos banderas españolas monumentales en el ruedo, se escuchó un minuto de toque de oración por las víctimas del Covid, especialmente por el ganadero de Jandilla fallecido por esta causa, por los miembros de la Guardia Civil que dieron su vida por España, y por el mismo Joselito “El Gallo”. Detalles de grandeza y orgullo, una lección de valentía y elegancia.

En lo taurino, de los seis toros, cuatro no brindaron mayores opciones a los toreros, sin embargo tanto Morante como Juan Ortega estuvieron plenos, con detalles de torería y buen gusto. La suerte eligió un toro bueno para cada torero. Morante con el quinto hizo el toreo, su toreo; genial, rico en historia, poderoso en la lidia y rotundo en el valor como cimiente del arte que brota en segundos y perdura para siempre. Su respeto al toro al exigirle verdad en sus embestidas, de tú a tú, esa provocación que en el instante del encuentro se ralentiza, adquiere expresión de arte supremo y éxtasis sensorial. La suavidad con la que Morante acaricia las embestidas de los toros con la tela de su capote y su muleta, son un lujo de nuestros tiempos, es repasar la evolución de la lidia hasta llevarla a su máxima expresión. Vuelta al ruedo con la felicidad en el rostro, romeros en la mano abrazando la bandera española. Mensaje claro y directo, el orgullo de asumir una identidad.

Juan Ortega es un torero que tiene en la cabeza las ideas muy claras. Ingeniero de profesión, estudió en Córdoba, donde hoy pudo mostrar al mundo su manera de entender la vida a través del toreo con el cuarto de la tarde. La suavidad y elegancia natural de su tauromaquia es el claro ejemplo del amor que sentimos los taurinos por el toro. Respeto máximo, amor infinito.

Una tarde histórica para un día histórico.

Foto: Arjona

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.