La fiesta está viva

Por: Rafael Cué *

Articulista invitado

 

Este texto habla de bravura, pero no de encastes, ni pelajes, ni orígenes del toro bravo, habla de la bravura que tenemos los mexicanos, entendiendo bravura como el cúmulo de cualidades que están en cada uno de nosotros y que no siempre son la primera opción en nuestra forma de actuar.

En 1985 contaba yo con 17 años. Viví aquel devastador terremoto, ayudé en lo que pude, manejando una combi particular a los sitios donde me enviaran desde la Universidad Anáhuac; cargué pan, cargué agua, cargué medicinas y lo que hiciera falta, horas y horas por la ciudad que llenaron mis ojos de impotencia y de mil preguntas sin respuesta.

32 años después comprobé una vez más el orgullo de ser mexicano, de contagiarme de esperanza ante los peores escenarios. Hace apenas una semana escribía sobre nuestra Patria Brava, refiriéndome al arraigo de la tauromaquia en México, sin imaginarme que horas después de ser impreso el periódico tendríamos que demostrar bravura, impulsada ésta por inmensa nobleza, lealtad y orgullo de ser mexicanos, como el toro bravo.

El mismo martes sobre las 17:00 horas, un buen amigo fue rescatado con vida de entre los escombros del tristemente célebre edificio de Álvaro Obregón 286. Sin saberlo, él fue torero esas cuatro horas, tuvo el valor sereno de afrontar con calma y valentía a la muerte, que esta vez no se le presentaba en forma de pitones afilados, sino de pesadas losas de concreto. Se comportó como máxima figura, no estaba sólo, tuvo el temple en el alma para transmitir paz a los que estaban a escasos metros de él, su padre y sus compañeros de trabajo. Fue director de lidia, supo atemperar el pánico de mirar de frente a la muerte, de conectarse con Dios y poner su vida y la de todos a su voluntad. El valor del bueno, dicen los toreros. Los cinco salieron con vida, sabemos que desgraciadamente no todos pudieron hacerlo y que, como en el toreo, la muerte es parte del ciclo y se fueron con honor, con valentía y abrazados por la nobleza de cientos de miles de mexicanos sin nombre, que minuto a minuto estuvieron dispuestos a dar su vida misma por rescatarlos.

A mi buen amigo lo indultaron por su bravura y nobleza, por su liderazgo, y lleva hoy en el corazón, estoy seguro, la pena de los que no corrieron la misma suerte, la responsabilidad de honrar con sus acciones a los que fallecieron y seguir siendo un ejemplo para todos nosotros en esta segunda oportunidad de vivir.

No hay texto ni palabras que expliquen el porqué de estas muertes, por qué unos sí y otros no, apenas a metros de distancia.

La bravura sin nobleza es genio, es violencia, es el grito de impotencia. Días después de la tragedia, nadie grita, todos hemos podido contener esa impotencia y la hemos transformado en nobleza, en bravura de la buena, en entrega y sacrificio. Horas y horas de cargar, de hacer cajas, de sellar cajas, de hacer despensas, botiquines, clasificar ropa o lo que haga falta.

Sin ningún afán de protagonismo se crearon centros de acopio por toda la ciudad. La Plaza México hizo lo propio, como inmueble icónico de la ciudad, por su céntrica ubicación y por honrar los valores que representa la tauromaquia. Familias enteras estuvimos ahí, taurinos y no taurinos. Hombro con hombro, sin preguntar quién eres, si te gustan o no los toros, trabajamos bajo el mando de la SSP. Muchos profesionales del toreo, el equipo humano de la plaza y cientos de voluntarios sumamos fuerza, bravura y nobleza para hacer del recinto un lugar de esperanza, de unión y de respeto.

México ha demostrado que su gente es su mayor capital. Espero no se diluya este entusiasmo, falta mucho por hacer y mucho por cambiar.

Los políticos en muchos casos siguen haciendo de las suyas, ya la pagarán, ya la pagarán. En menos de un año los ciudadanos tendremos una vez más en nuestras manos su futuro. No olvidaremos, sigamos trabajando, donando, aportando el tiempo que podamos para reconstruir a nuestro México, esto apenas empieza y falta mucho.

No olvidemos de lo que somos capaces. Te invito a que seamos los mejores mexicanos que podamos ser.

Twitter: @rafaelcue

 

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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