Sin duda, el futbol es un negocio redondo. Y no estamos descubriendo nada nuevo. Las cantidades exorbitantes que cuesta un futbolista de alto nivel es de locos. Neymar no vale 222 millones de euros, ni ningún otro futbolista. De todo este movimiento, me quedo con las palabras de Mourinho: “ya por cualquier hijo de vecino pedirán 80 ó 100 grandes”. Pocas veces, o casi nunca, tenemos la habilidad de relacionar este deporte con dinero, haciéndonos creer que el dinero no vale nada ante nuestro corazón. Cuestionamos al futbolista: ¿Por qué se va? ¿Acaso no nos quiere? ¡Maldito traidor! Cuando el futbolista es un simple empleado de una empresa de entretenimiento.

Es hora de aceptar las dos o tres cachetadas de parte de Alejandro Irarragorri y su equipo por no confiar en este amado negocio; basado en conceptos que, en teoría, nunca dejan dinero; basado en valores que social y culturalmente, si los practicas, terminaras perdiendo. Con los conceptos anteriores, hicieron del Club Santos un grupo sólido. Quizá mi perspectiva acerca del trabajo de Irarragorri sea errónea, pero, para mí, es un crack: solo he tenido la oportunidad de escucharlo en una ocasión en una conferencia, quedándome sorprendido en aquel momento por su edad y su visión.

La exigencia por parte de la afición santista de llevar de la mano lo deportivo y lo económico se hizo presente sin darnos cuenta los aficionados de que todo estaba planeado; cuando parece que Club Santos es el único que pierde en todas las transacciones, al final es el único que gana. ¡Ésta última! Hugo González es un desastre en Monterrey, Molina no alcanza su nivel; lo último que necesitaba América era un portero, y ahora necesita más que nunca a un mediocampista creativo, y Santos tiene al mejor de la liga en dicha posición, Osvaldito es el mejor creativo que ha tenido Santos en la última década –bueno, si Hachita no hubiera existido–. Ahora díganme si no es Alejandro un crack. Este tipo de transacciones, sin olvidar la de Molina, en su transferencia de América a Santos, son de alguien que realmente le sabe al negocio. Alguna vez, Boca Juniors y Marchesín quisieron jugarle el dedo en la boca… y Alejandro terminó por morderlos.

Insisto: mi opinión está basada en mi percepción, generada por lo leído y escuchado. Estoy seguro de que el duro proceso de transformación que se vivió en Santos Laguna con el cambio de dueños fue complicado, porque el tener menos dinero en la bolsa reduce tu margen de error, y dentro de esta nueva realidad, las buenas decisiones deben hacerse costumbre. La transición en el camino rocoso del cambio solo se topó con unos pocos baches deportivos. Aunque si esto hubiera caído en otras manos, estaríamos hablando de una debacle.

Fuerzas básicas son el proyecto que está desarrollando Santos, dejando de ser cliché de un club para convertirse en la realidad, porque para la mayoría de los clubes, el decir que están desarrollando juveniles es como el “trabajar” en una entrevista de un futbolista.

Santos tiene dinero garantizado en su once titular con cuatro canteranos. Sin hacerle al mago, vemos que México vive una etapa oscura en cuanto a defensas laterales de esos de ida y vuelta; Jordy y Arteaga compiten, son hasta mejores que Reyes, de Atlas, que es la promesa actual. Podemos hablar además de varios juveniles santistas, así como de las ventas de algunos de ellos a Europa. Todo es fruto del genial Alejandro Irarragorri, presidente que con detalles mínimos demuestra su categoría. Recuerdo una entrevista que sostuvo para ESPN donde uno de los Gabriel de Anda intento ponerse al tú por tú, y no pudo con la brillantez del Mr. President.

Alejandro Irarragorri Gutiérrez, el vendedor de chiles, presidente de Orlegi Deportes, eres el responsable de este equipo tan compacto, que compite, que genera, que vende y que gusta; decidiste comprar la semilla, en lugar de comprar un fruto en la peor etapa para hacer el súper.

Twitter: @pera10

Anuncios