AL LARGUERO
Por: Alejandro Tovar Medina
Articulista invitado
El tema caliente en el ámbito nacional es por el reflejo del libro de Julio Scherer Ibarra (66) “Ni venganza, ni perdón”. Licenciado en derecho por la UNAM, fue Consejero Jurídico de AMLO de 2018 a 2021. Es hijo del famoso periodista y escritor Julio Scherer García (1926-2015), que fue director de Excelsior (1968-1976) y luego fundador de la exitosa revista Proceso. Es un texto imperdible que ha causado gran revuelo.
El domingo, cayendo la tarde, como se acaba la vida, con la resaca de la derrota santista en casa, ante un rival que venía de cinco derrotas al hilo y cero puntos, tras una despedida de rechifla y protesta popular, en todo el camino del grupo hacia el túnel con la cabeza gacha y el corazón hirviendo, con el mundo al revés y la mente en caos, fueron apareciendo nuevas ideas. Una, sería encomendar una secuela a Scherer con el tema de esa tropilla vacía de virtudes y eco de vergüenza.
Todo porque la escritura siempre será un cuestionamiento perpetuo y, en el entorno verdiblanco, así como hubo buenos tiempos, hoy éstos le huyen y muestran cara adversa. En ese vestuario donde habitan las viejas leyendas, ahora cunde el pánico y van surgiendo las preguntas que muchas ocasiones tienen respuestas y otras llevan a detalles que disgustan. Hay quienes reemplazan los pensamientos por las emociones y hacen falta luces sobre los temas oscuros.
Scherer Jr. no será el genio que frota la lámpara, pero sí sabe que el futbol es una máquina de sueños, ilusiones y lágrimas, por lo tanto es seguro que fan del futbol como lo es, se preguntaría, ¿por qué si este club produce jugadores, éstos trabajan en otros equipos? Y rápido nombraría a Jorge Sánchez, Omar Campos, Uriel Antuna, Gerardo Arteaga y Jesús Angulo. De este último se supo que Santos lo prestó al Atlas, y poco después apareció en Tigres.
Como buen investigador, Scherer Jr. hasta tiene el placer de escudriñar todo lo que nos rodea, pues así rápido arma una gran formación de gente que vio en Santos. Pone a Marchesín en el arco. Luego van Jorge Sánchez, Néstor Araujo, Carlos Izquierdoz y Arteaga o Campos o Angulo. Hace un medio campo extraordinario con Fernando Gorriarán, Diego Valdés y Juan Francisco Brunetta. Adelante coloca a Uriel Antuna, Oribe Peralta y Cabecita Rodríguez. Descubre que todos fueron vendidos a otros clubes. Revisa las incorporaciones y nota la diferencia de calidad en los jugadores. No tiene que revolucionar mucho la imaginación para conocer la problemática, sobre todo cuando ha visto al cuadro actual en esta terrible dinámica loca del presente.
Mostrarse distinto es la fórmula para llegar a serlo, y ahora mismo hacen falta ideas para un mundo en llamas, pues la esperanza es la cura del mañana para la dura decepción de hoy, donde la clave no será buscar culpables, sino atacar los puntos débiles con más trabajo y dedicación que nunca. Ahí cabe el repunte de una zaga con desolación y fantasmas, creación, volumen de juego y contundencia. El técnico no es culpable de que Bullaude no sepa rematar de cabeza y de que Di Yorio se pierda dos claras frente al arco. No es fácil sustraerse al enojo y desaprobación popular, aspectos respetables de la gente, que es el patrimonio principal de Santos Laguna.
El escenario actual y las ruinas del viejo Corona son lugares donde el tiempo ha quedado sostenido con las imágenes y, sobre todo, la felicidad de la gente cantando su alegría. Fue el tiempo del proceso de los sueños y hoy todo parecen piedras que rebotan sobre una lámina de agua.
X (Antes Twitter): @Tovar1TV
