AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Cada sonrisa, cada suspiro, cada ilusión y cada lágrima, tienen un propósito, y son una emisión humana que integra un mensaje a descifrar. Todas son situaciones estresantes que provocan ansiedad, y que el domingo quedaron instaladas en el escenario del Empower Field de Mile High, justo con el costoso error del QB de emergencia Jarred Sitdham, saludado por la caída de la nieve que cubrió el terreno como una sábana de esperanza para Denver, que terminó en tragedia.

La sombra de Tom Brady cubrió la silueta de Drake Maye, un QB que tomó el legado del héroe ganador de seis supertazones y MVP en cinco de ellos. En la tribuna, el eterno choque del show, como amores que luchan contra la realidad y el destino, previendo el duelo de inconstancia, de culpa y de pasividad emocional ante un grupo herencia de Bill Belichick, y ahora bajo el comando del nuevo general, Mike Vraber. Ambos imantados por un despliegue de genialidad.

Esta victoria de 10-7 cita a los Pats en el Levi’s Stadium, de Santa Clara, Ca. Contra unos Seahawks que parecen, vestidos de negro sepulcral, modernos hijos de Frankenstein, ideados por la famosa inglesa Mary Shelley (1797-1851) en su novela publicada en 1818. Son modernas figuras con cerebro dinámico que no busca entender razones, sino acatar sentencias que marcan una vida de ira, como energía ardiente ante los errores críticos de Rams, que dejaron la marca de 30-27.

Todos estos individuos, de una desbordante identidad plural, inundan el mundo por la fiebre mediática que les rodea y a la que es difícil de sustraerse, porque hoy en día la tecnología parece hasta más temible que las personas. Porque el Super Bowl no es una simple obra con textos hechos de costuras y remiendos. NO, esto tiene una relación estrecha con la realidad y la ficción.

Por salud mental es de excelencia el tener afición por varias actividades del deporte, no una sola, porque si nos estacionamos en el soccer, seremos gente con opiniones pesimistas; personajes con sentimientos de soledad radical, porque el equipo de Aguirre es como un barco que naufraga en el mar, que juega con un pasado cual traición movediza en la memoria, ecos de amor fallido.

La costumbre condiciona las vidas más de lo que imaginamos, más ahora cuando es importante incitar la curiosidad, cuando las redes y su nutrida información –no siempre de calidad y certidumbre– nos han hecho apáticos. Y no por pensar en odio por los maestros del mal, sino porque la imagen televisiva es clara cuando muestra el escaso nivel creativo, de muy pobre calidad. Da la impresión de que el objeto amado muta en objeto del desprecio. 

El fan puede sentirse ahora como rodeado de un grupo de conocidos y amigos que nunca existieron, de ser alimentado por esperanzas falsas, por ilusiones que se marchan pronto, como mariposas al aire, con un miedo que produce una sensación de alerta, con focos rojos encendidos, porque, a falta de una prosa sobria y reflexiva que explore los conflictos, existe un macheteo de insistencia que nos quiere hacer creer en algo que no existe.

Estas heridas que nos abren los ojos y no la piel, aumentan una ya larga depresión y nos obligan a buscar otros caminos como la NFL, que exalta la fibra nerviosa de la pasión y nos aparta del amor apasionado, que aconseja dejar los medios hasta el SB y vivir la magia de vivir sin celular.

X (Antes Twitter): @Tovar1TV