AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

De pronto, apenas amanece y producto de esta modalidad de vida que tenemos, vemos que el paisaje es diferente y no solamente nos afronta, sino que reta a ser y pensar distinto, como una competencia de rápida definición, porque el tren a tomar se pone en movimiento y como en una batalla, hay que sobrevivir y luego hacer tu propio afán. Es como ver al mundo desde una ventana.

Hoy todo es circunstancial. Las batallas políticas y legales, se manejan como temas mediáticos, los hombres llaman a sus guerras particulares en las pantallas de tv e igual los medios juegan papeles clave en todo. Para los que huyen creyendo que el futbol los puede salvar del insomnio que produce la realidad, hay un nuevo fraude, porque anuncian unos clásicos de pasión invisibles.

¿A dónde se fue el show?. Porque solamente se maneja en la imaginación mediática. Vemos que se procesa la manipulación disfrazando un futbol de alto nivel, como una aventura en un marco exótico. Y de pronto, subliman la pasión entre el miedo. En la cancha, los equipos se temen y permanecen enmascarados y ocultos, con la obligación de sobrevivir, no de arriesgar el mínimo.

Por si fuera poco y en esa costumbre de ver, leer, escuchar las opiniones del juego, uno ubica en la Ciudad Gótica como en la capital que el medio se nutre de voces extranjeras, ¿será que los nuestros son incapaces? Pero todo ello rebota, porque el Artículo 89 de la Ley de Radio y TV, dice “Los cronistas y comentaristas deberán ser de nacionalidad mexicana y presentar un certificado que acredite su capacidad para la actividad a la que se dediquen expedido por la S.E.P.”

Dicho esto porque la radio y tv de CDMX y Monterrey se repleta de sudamericanos, tal vez porque su tono diferente, los enamora y convence, porque de otro modo se puede pensar que los profesionales locales no dan el grado y solamente están para completar el cuadro a los protagónicos, como Chelelo a Tony Aguilar, como Piporro a Pedro Infante, como Marcelo a Tin Tan Soren Kierkegaard (18131855) el filósofo danés vincula la libertad, a la voluntad e incluso a la pasión y adormila cuando habla de su melancolía a la que nunca pudo dominar “una opresión de la que no me he visto libre ni siquiera un solo día” Claro, el padre del existencialismo perdió su gran amor Regine Olsen (1822-1904) por no decidirse pese a que se amaron hasta la muerte.

Estamos lejos de Regine y Soren pero de alguna forma este futbol de atole sin azúcar ni canela, nos tiene en un estado anímico permanente, vago y sosegado, de tristeza y desinterés, pues ningún partido embona, porque entramos a la cancha pensando en batallas viejas y héroes desgastados pero a la mitad del partido y quizá hasta antes, ya estamos en el segundo sueño.

Uno hasta siente que el admirado Kierkegaard quisiera acercarse para consolarnos, pues maneja que la filosofía de existencia por su propia naturaleza intenta alejarse de toda sistematización del pensamiento especulativo y con lo que vemos, escuchamos y leemos solo nos queda aceptar que lo que nos define ahora mismo, es la desesperación de vivir en una red.

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