Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Luis David Adame ha estado formidable en Madrid con su primer toro, y le ha cortado una oreja. El premio puede sonar a poco, dada la calidad de la faena, el alto nivel taurino y artístico de una faena estructurada, medida y templada, ante un gran toro de Juan Pedro Domecq.

Mucho se puede y se debe desmenuzar acerca de la actuación del hidrocálido. Taurinamente hablando, ha dado muestra de su capacidad, que ya desde novillero los buenos taurinos y los profesionales habían apuntado. Otra cosa es llegar a las grandes ligas y adueñarse de un espacio; el público mide diferente, los alternantes no dan tregua y los despachos son complejos, además de que cada plaza tiene su idiosincrasia y hay que ponerlos a todos de acuerdo.

Luis David llegó toreado a esta tarde, en México ha estado en todas las ferias, siempre bien acartelado y con ganado de garantía. Esto sólo implicaba una mayor responsabilidad para estar bien, y si la suerte acompañaba y saliera un toro bravo y bueno, poder expresar su sentir y su forma de entender el toreo; y así fue, saltó al ruedo un serio toro jabonero, fuerte y con estupendas hechuras para embestir, respetando el encaste y origen de su sangre.

Fluyó el toreo bueno, con las yemas de los dedos desde el capote, colocando el cuerpo entregado, acompañando la embestida con el pecho, llevando al toro bien tapado, largo y ayudándole a desarrollar en embestidas buenas toda su bravura.

Con la muleta, la obra fue inmaculada, no hubo un solo enganchón de la muleta, siendo que el bravo “Ombú” embestía siempre queriendo cogerla, eso sí, con buen estilo, muy humillado y con profundidad en la embestida.

Tandas precisas, muy despacio, zumbándose al bello Juan Pedro por la cintura, rematando las tandas con soberbios pases de pecho.

El público en Madrid —lo he escrito en alguna ocasión— se puede dividir en dos: el aficionado que va a disfrutar, que tiene sensibilidad y entiende de esto (a este sector se le suma el público quizá no tan aficionado, pero que llega al tendido con la intención de gozar de una tarde de toros), mientras que por otro lado está (sin poder generalizar, claro) el tendido 7, grupo de aficionados que entienden la fiesta de una forma (muy respetable, pero) que por lo general intenta acreditar situaciones que se rigen con otro racero, el de la tauromaquia. El 7 anduvo respetuoso, que ya es ganancia, aunque parece que el resto de la plaza espera el aval de este tendido para romper, pero Luis David, con la verdad en su muleta, puso a todos de acuerdo. Una pena que el público no se haya dado la oportunidad de disfrutar desde el principio la faena, pero esto es lo que es, y por eso es tan complejo torear y triunfar en Madrid.

El sexto no dio opción alguna al lucimiento artístico, pero sí permitió a Luis David demostrar que es un torero dispuesto a pagar el precio de convertirse en figura. Faena de entrega ante un toro sin embestida y sin clase. Valor y más valor. Pinchazo hondo y descabello. Salida al tercio para un buen balance por su paso en la primera oportunidad, ya que regresa el 31 de mayo a Las Ventas.

No hubo Puerta Grande, aunque sí los méritos y el nivel. Los tiempos del toro y el toreo son complejos y difíciles de entender, lo que está claro es que Luis David es una realidad que ha dejado claro su nivel en la plaza más importante y compleja del mundo.

Espero que como afición los mexicanos lo valoremos, nos apasionemos con sus formas y le exijamos todo lo que puede dar.

Por mi parte: enhorabuena, Luis David, se me han salido las lágrimas al verte torear. Esa Puerta Grande llegara si tú sigues así.

Twitter: @rafaelcue

 

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

Anuncios