El lema olímpico Citius, Altius, Fortius ha dejado de ser una aspiración para convertirse en el hielo de Milán-Cortina 2026, en una asombrosa realidad física. En cada edición deportiva, el ser humano parece entablar una negociación directa con las leyes de la gravedad. Vemos hombres y mujeres lanzarse al vacío en pendientes de nieve, emulando el vuelo de las aves con un control corporal que roza lo milagroso. Pero lo que ocurrió hoy en la pista de hielo con Ilia Malinin trasciende la mera competencia; es una ruptura con las leyes de la biomecánica.

A sus 21 años, el llamado “Quad God” (Dios del Cuádruple) ha transformado el patinaje artístico en un laboratorio de resistencia y física aplicada. Verlo ejecutar el Cuádruple Axel —esa quimera de cuatro vueltas y media en el aire que hasta hace poco se consideraba un suicidio biomecánico— provoca un asombro inagotable. Es el momento en que el tiempo parece detenerse, en un parpadeo el patinador deja de ser un atleta para convertirse en una fuerza cinética pura.

¿Existen límites para el cuerpo humano?

La interrogante la planteamos después de ver y disfrutar la hazaña del patinador. Si Malinin ha convertido la gravedad en una simple sugerencia, ¿qué nos depara el futuro? Estamos ante una nueva era donde el riesgo es total. El aterrizaje de un salto cuádruple somete a las articulaciones a una fuerza de impacto equivalente a varias veces el peso del cuerpo; es una danza en el borde del abismo.

Malinin, una máquina; Donovan es alma

Pero la grandeza de estos Juegos no reside solo en la potencia de Malinin, sino en el contraste. Mientras el estadounidense redefine la fuerza, figuras como el mexicano Donovan Carrillo nos recuerdan que el patinaje es también alma y narrativa. Esta dualidad entre la “máquina perfecta” y el “intérprete carismático” es lo que mantiene vivo el espíritu olímpico.

Milán nos demuestra que el límite no es una barrera, sino una frontera móvil. Al observar a Malinin volar, descubrimos que las hazañas deportivas no son solo por una medalla, sino por la eterna necesidad humana de preguntarle al universo: ¿qué más podemos hacer? La respuesta, grabada en el hielo, parece ser que siempre hay una vuelta más en el aire esperando ser conquistada.

¿Cuántas horas de entrenamiento ha invertido para lograr esta hazaña? Es el deporte en su esencia pura y máxima expresión.

X (antes Twitter): @LARIMEX