AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Se dice que un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca. Nuestro héroe de hoy pasó por una miseria terrible en la niñez y conforme fue creciendo soportó también los prejuicios raciales pero se hizo de un carácter difícil y solía invertir su furia en el deporte para superar a todos. Y Bob Gibson se convirtió en un atleta maravilloso.

Nació en Omaha, Nebraska en 1935. Al morir, el pasado viernes llegaba casi a los 85. Solo el cáncer pudo vencerlo. En la juventud era el ídolo de la Universidad de Creighton, donde llegó becado. Jugaba basquetbol y beisbol y en ambas disciplinas era el líder. Se fue un tiempo con los Harlem Globetrotters hasta que los St.Louis Cardinals llegaron con un bono de 3 mil dólares.

Desde el principio su apodo fue Hoot por el actor del cine mudo Hoot Gibson. De aquel moreno desgarbado se dudaba, ¿quién iba a creer que años después estaría dentro de los 100 mejores jugadores de MLB?. Siempre héroe de los Cards, Gibson jugó con esa franela de 1959 a 1975. Era un lanzador de pelota rápida, con lanzamientos intimidantes, con una gran concentración.

Se hizo famoso por sus disparos “de cepillo” pues la pelota rozaba el cuerpo del rival y luego lo retaba con fuerza bruta de rectazos de fuego. Dicen que era brusco y desagradable hasta con sus propios compañeros. Hablaba poco el gigante de la lomita, MVP en 1968. Asistió a nueve juegos de All Stars, ganó 251 partidos y consiguió 3117 ponches. En 1975, Cards retiró su número, el 45.

Nueve ocasiones ganó el Guante de Oro para pitcher. Tiró un partido sin hit en 1971. Dicen que era feliz en el baloncesto con los Globetrotters y al aceptar jugar beisbol con San Luis, creyó equivocarse pues el mánager de sus inicios en 1961, que era Solly Hemus, los eludía a él y Curt Flood por ser negros. Todo llegó a cambiar con el despido de Hemus y el arribo de Johnny Keane. Sus Cardenales fueron reyes del beisbol en 1964 y 1967, dejando en el camino a los Yankees con Gibson como MVP en ambas series con gente como Tim McCarver, Orlando Cepeda, Julián Javier, Bobby Tolan, Dal Maxvill, Mike Shannon, Lou Brock, Curt Flood y el gran Roger Maris.

Siendo un superastro, no era el mejor pagado del club, otro punto donde hacía que su humor flaqueara. En ese equipo quien más ganaba era Orlando Cepeda (80, 000), luego Roger Maris (75, 000) y tercero, Gibson (60, 000). Hoy, los peloteros de alto nivel ganan millones. Bobby obtuvo dos premios Cy Young y a su retiro del montículo fue con su amigo Joe Torre para ser coach de pitcheo en Cards y Atlanta. Tim McCarver, su cátcher, lo describía como un guerrero de la lomita.

Cuando un estelar como Gibson se va, el beisbol todo, le llora. Lo vimos en la tv rudimentaria de esos tiempos en tomas muy abiertas. Era como una máquina de lanzar. Siempre potente, siempre combativo. Es un héroe inolvidable. Dijo McCarver que una línea de Roberto Clemente le pegó en la espinilla y siguió lanzando 5 o 6 entradas más. Después se supo que tenía su pierna rota.

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