AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Con eterno agradecimiento para Don Valente Pérez (f). En esta sociedad movida por el miedo, apenas llegó la reapertura alemana y el pueblo cobró alegría de nuevo, porque el futbol tiene una mirada global y nosotros, no. Somos solamente almas en pena, que antes creíamos ser parte de la evolución tecnológica y el avance científico, cuando en realidad quien manda es la naturaleza y parecemos niños que no recibieron amor en su infancia. Gente altamente vulnerable y con menos volumen de la fe que se apetece.

Como el temperamento nos viene en el ADN y como una parte de nuestra personalidad es genética, apelamos al origen vital que lucha contra esa timidez que nos alcanza, porque es una condición ajena al corazón, una categoría, una dimensión que desemboca en la soledad y luchamos. La duda es, ¿sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó nada?

Entonces arranca la máquina de la imaginación, que promueve a otros aliados como la memoria y la conciencia, porque la lucha es en relevos australianos contra la simulación de la verdad, la manipulación de la realidad y la invitación a dar una vuelta por el infierno. Triunfa por descalificación el amor a los grandes momentos vividos, que son como ventanales de Sevilla.

Como la viva imagen de Valente Pérez, leonés, bailarín de flamenco, ingenio del periodismo de los 50, 60 y 70. Primero con aquella publicación ZAZ!! que tenía de todo y el éxito estelar de las revistas FUTBOL, LUCHA LIBRE, NOCAUT Y MUSCLE POWER. Esa redacción frente a Chapultepec, sobre B. Argáez era para los jóvenes, una escuela de periodismo, a donde llegaban campeones del mundo, mánagers famosos, luchadores de moda (sin máscara), hercúleos pesistas, futbolistas de época. Todos los días conocías a alguien y encima periodistas de primer nivel en la flor de la vida. De todos, esos muchachos podían aprender, porque nadie negaba el saludo, ni la plática, ni el consejo. Ibas de un lado a otro porque Don Valente era un conversador maravilloso y dominaba al grupo, lideraba en bromas y en contar mil anécdotas. Le gustaban las tortas de carnitas, los sopes con chile colorado, los sándwiches de atún y jalea, con una bebida que se llamaba Sidral Mundet.

Cuando el hijo de Chuchú García, El Rebelde, llegó a tomarse unas fotos, apenas comenzaba. Hacía frío y quedó vestido para luchar. Se tapaba con una toalla y se dejó los guantes. Las sesiones de fotos eran en la azotea. Valente lo vio y el joven se puso en guardia. Levantó su brazo con su guante y el maestro le gritó: ¡uff es Mano Negra!. Y se le quedó. Pérez tenía el genio consigo.

Mandó a Héctor Valero (f) para buscar un prospectazo. Lo ubicó en San Luis, como hombre de seguridad en un antro. Lo llevó ante Valente, Aarón era un notable fisicoculturista y cuando hablaron los dos (Valero y Valente) del equipo, el maestro dijo ¡una máscara no, que sean mil. Y ahí nació Mil Máscaras. Algo similar pasó con Tinieblas. El bromista y rudo colimense Herodes, que también servía de escolta, soltaba sus víboras en la redacción, creando pánico, con el patrón y sus hermanos, José y Salvador, celebrando a carcajadas. Blue Demon era compadre de Valero y nos decía que por feo, luchaba enmascarado. Al conocer a Don Alejandro destapado, vimos que era verdad. Tenía manos de portero africano, voz ronca, ojos pequeños y sonrisa de abuelo.

Eran los tiempos del Chivas campeonísimo. Un día cayeron por la redacción, todos, con el Ing. De la Torre. Balcázar y Chava Reyes dominaban el ambientazo. El coordinador editorial era José Octavio Cano, estrella del Excelsior con Carlos Denegri. A aquellos chicos nos asaltaba siempre la idea de ¿cuánto tendríamos qué haber pagado por tan diversas enseñanzas y experiencias?. Son tantas que en este trance debemos considerarnos privilegiados por esa oportunidad.

Correo electrónico: arcadiotm@hotmail.com