LA FIESTA ESTÁ VIVA

Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Hace un año, el 10 de mayo de 2019, en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla el toreo resurgió desde sus bases más profundas. Un cartelazo: Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y el sevillano Pablo Aguado, ante toros de Jandilla. Era un soleado viernes de una feria que había tenido ya grandes tardes de toros.

Entre los profesionales se sabía ya del potencial del sevillano Aguado, y ese día la gran prueba no era medir sus condiciones, sino alternar en un cartel con Figuras y aguantar la máxima presión de estar en las grandes ligas. En el toreo lo más difícil no es dar una buena tarde de toros, lo realmente complicado es soportar y mantener un nivel alto tarde a tarde y toro a toro, mano a mano con las Figuras que nunca se dejan ganar la pelea.

Aquel viernes se vivió una tarde de toros pletórica, los tres toreros estuvieron inmensos, en sana y feroz competencia, dando el máximo en sus astados y elevando el rasero en los quites. Todo salió bien, los picadores, el tercio de banderillas, la música en el momento preciso, y el saber estar y apreciar de un público que cuando las cosas suceden como aquel día, se fusiona con él hasta el más recalcitrante de los aficionados. La magia inmensa del toreo.

La irrupción de Pablo Aguado fue total. Un parteaguas en la temporada 2019 y un refresco en la ilusión del aficionado ante un sistema taurino que no siempre es justo y que no siempre funciona a favor de él ni de la Fiesta.

Pablo Aguado no llegó a quitar a nadie, llegó a sumar a la tauromaquia moderna con las bases más clásicas del toreo. La naturalidad de jugarse la vida en la creación íntima del arte. Una intimidad expuesta a todo el mundo, el verdadero valor del artista.

Después de la apoteósica tarde del 10 de mayo en Sevilla, la temporada transcurrió a un nivel muy alto. El aficionado contaba ya con un nuevo estímulo para ir a los toros, y las Figuras no se lo pusieron fácil al sevillano, que mantuvo la calma, no salió de su estilo y llegó para quedarse y sumar a una formidable baraja de toreros universales.

Durante el invierno uno de los atractivos en México fue la presentación y confirmación de Pablo Aguado; algunos esbozos pudimos gozar de su tauromaquia, pero dichas las cosas como son, no afrontó con la seriedad requerida para este gran compromiso y oportunidad de convertirse en un consentido en este país, con todo lo que eso significa.

Me dio la sensación de que había ya relajado la mentalización y compromiso de la temporada europea. Así fue el resultado, salvo un toro de escasa presencia en Juriquilla, lo demás no dejó huella alguna. En uno de los carteles estrella en la Plaza México, confirmó su alternativa sin pena ni gloria.

Aguado tiene el don de Dios para el toreo, es de esos privilegiados que nacen para el toreo muy de vez en cuando y que son un lujo para esta cultura.

¿Quién lo hubiera pensado? De un 2019 increíble para él, a una temporada 2020 que prácticamente se irá de vacío; en el mejor de los casos en España tendrá un par de meses de actividad.

¿Qué lección podemos encontrar en esta bizarra situación? Que la vida es hoy, que los planes a futuro son sólo eso, planes, y que la realidad del instante es lo que tenemos. Aguado tiene las ideas muy claras. En una entrevista en redes sociales no mostró desesperación ni angustia por la situación a la que se enfrenta el mundo. Sabe que su toreo llegó para quedarse y que en su momento saldrá el toro con el que tendrá mucho que expresar, al igual que todos y cada uno de los toreros que tras este parón saldrán renovados a manifestar todo su sentir ante los toros y ante su público, que podrá compartir los sentimientos de esta pandemia.

México es asignatura pendiente, espero que Pablo Aguado (junto con su equipo) valore el potencial de convertirse en un consentido de este país, lo que eso significa y lo que le puede dar como torero y como persona.

Un abrazo desde el encierro a todos los lectores de esta columna, falta un día menos ya para volver a la normalidad, que tendrá cambios y posibilidades. Nos leemos la semana entrante.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.