AL LARGUERO

Por: Alejandro Tovar Medina

Articulista invitado

Arturo Brizio parece fotógrafo antiguo, pues revela visiones en el cuarto oscuro de los pensamientos ajenos y su Comisión de Arbitraje suele pasar aceite como coche viejo, todos los fines de semana, pues los defectos que se enmascaran no se camuflan y, en estos tiempos, cuando descubrimos que hay más escritores que lectores, uno concluye creyendo que lo novedoso, termina por arrancarle a los protagonistas, una buena dosis de preocupación y hasta ansiedad.

Originalmente, el V.A.R. vendría con la opción de darnos la justicia adecuada en el futbol. Muchos lo rechazaron y otros lo aplaudieron; hoy en día no hay quienes no pongan en duda su funcionalidad, aunque todo el estrés repartido nos conduce al hecho de que son los hombres los que fallan, los que no consiguen hacer el sistema productivo y justo por la disparidad de criterios. Incluso los mismos comentaristas no se ponen de acuerdo y el resto se muestra con titubeos.

El V.A.R. o videoarbitraje está para auxiliar al árbitro central, en goles (si se ha producido una infracción que impida concederlo); en penaltis (para evitar decisiones erróneas, relativas a la concesión o no del penal), y en tarjetas rojas (para impedir una decisión errónea relativa a la expulsión de un jugador). En estos casos, los hombres de la caseta, con sus videos enfrente, llaman al árbitro y le hacen la indicación, luego de revisar la tv; el central, solamente él, toma la decisión.

El caso es que, si un equipo es favorecido con una medida arbitral de este tipo, queda sonriente y, el de enfrente, encorajinado. Está muy claro que nadie queda conforme si la decisión no le favorece, y siempre encuentra argumentos para revivir sus puntos de vista, en eso somos buenos. Lo cierto es que cada vez hay más protestas y Brizio no sabe para dónde mirar ahora mismo.

Lo real es que, por cultura, somos poco apegados a la disciplina, y no solemos aceptar las disposiciones de la autoridad; siempre tenemos armas qué portar, opiniones por exhibir, proclividad a la rebeldía, escape de las responsabilidades, y creemos que somos siempre agredidos, que todos van en contra nuestro, cuando la realidad es que vivimos alejados de las buenas formas.

Eso también sucede en Santos. Si las decisiones no le favorecen, Almada se siente robado, y cuando han sido positivas, no lo menciona. Es como un refuerzo de la voluntad nerviosa, pues con sus jugadores a la baja en el rendimiento colectivo, con sus individualidades en el mínimo todos quedan tensos y, algunos, hasta deprimidos, pues ponen tuits calientes y luego los borran.

Algo sucede que el DT no ha sabido controlar. Simplemente, ¿cómo es posible que, en una barrera ante tiro libre, en el momento justo, los hombres de ese muro defensivo se pongan de lado o se quiten? Eso no corresponde a jugadores profesionales y todo el mundo lo sabe, porque los pecados no se ocultan en cajones y no todas las cosas pueden quedar puertas adentro.

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