Por: Rafael Cué*

Articulista invitado

Todos son buenos deseos, fotos en las redes que simulan lo que muchos quieren ser, aparentar o tener: un estilo de vida glamoroso, amigos (la gran mayoría virtuales), y un ser ideal que muchas veces está lejos de la realidad y de la vida cotidiana. Memes, versos, chistes, albures y bromas navegaron las redes sin control el 31 de diciembre.

El cambio de año me genera sentimientos encontrados, el análisis de lo bien hecho, la reflexión de los fracasos, de lo que se pudo hacer mejor y sobre todo de en qué momento se pudo ser mejor persona, que eso al final del día es a lo que venimos al mundo.

Haciendo la analogía de lo que puede ser el 2019 con la vida taurina, digamos que estamos en el patio de cuadrillas liándonos el capote y se anuncian seis toros de una ganadería dura, de esas que muchos aficionados entienden como bravura, pero es más bien genio y sentido. Los tendidos tienen este 2019 una mayoría de estos aficionados, los ultras, intransigentes a los que nada les gusta y creen que siempre el pasado fue mejor, que si bien tienen el derecho y espacio dentro de la tauromaquia, cultura por demás incluyente, generan incertidumbre y difunden su forma de entender la Fiesta influyendo a gente que se queda con un concepto, no digo ni bueno ni malo, porque todos son respetables, pero sí confuso y lejano de la realidad del toreo.

Esta realidad no es otra, sino el toro en su esencia; los han habido, hay y habrá buenos y malos, bravos y mansos, guapos y feos. La realidad del toreo, donde un hombre se juega la vida en busca de crear arte, acto heroico que de suyo merece total respeto y admiración del público (ultras incluidos), nos gusten o no sus formas, sean toreros de nuestro sentir o no.

El balance está en el complejo punto medio que tienen que sortear las empresas taurinas: darle gusto a todo el mundo. Los toreros ven las cosas desde un punto de vista complejo, con muchas aristas que los mortales no comprendemos a simple vista; al final ellos se juegan la vida y buscan una recompensa tanto espiritual como económica. Los ganaderos, con orgullo buscan que sus toros sean la materia prima cómplice en dicha creación artística, y no deben sucumbir a las exigencias que muchas veces los apoderados buscan para sus toreros, argumentando garantías en las hechuras (lo que por lo general se traduce en comodidad en el trapío).

En lo personal soy fiel defensor de este complejo equilibrio, donde nadie pase por encima de nadie y todos cedan por igual en busca del único fin y objetivo empresarial: presentar un espectáculo que lleve gente a la plaza. Anunciar una Figura taquillera y echarle seis toros justos de presencia, también echa todo a perder; ahora bien, presentarla ante toros sin buenas hechuras y grandulones de hierros, que no pasen por buen momento, también es un despropósito.

Equilibrio es lo que debemos buscar en todo, no sólo en el toro, sino en la vida misma. Opinar, pero saber escuchar con humildad. Trabajar, pero divertirse. Hacer ejercicio y saber gozar la vida. Exigir en la plaza, pero estar abierto como nunca a disfrutar del magnífico espectáculo que es la cultura de la tauromaquia. Conocer la vida del toro en el campo para poder gozarlo en el ruedo y entender su muerte gallarda, saberla defender con argumentos, y esto último es quizá nuestro mayor reto como cultura en este incipiente 2019. Hoy está de moda ser antitaurino, pretender ser mejor persona al humanizar a los animales.

Uno de mis propósitos para este año es ser más tolerante con los aficionados que se sienten víctimas incomprendidas de la tauromaquia, sin entender que lo más grande de esto es la cultura misma, que nosotros estamos de paso y ella lleva ya casi 500 años en México.

No sufras, no intentes dar cátedra en redes (te ves y lees mal), te recomiendo ser positivo —que nunca conformista—, ir a la plaza, no adoctrinar desde el sillón de tu casa, y que entiendas de una vez por todas que nuestra misión hoy como sociedad taurina es engrandecer y fortalecer la cultura que nos apasiona, y para eso se necesita de todos. Nuestra misión es que llevemos gente nueva a la plaza, que no le enseñemos otra cosa más que ir con la sensibilidad a flor de piel y a disfrutar la riqueza visual y emocional del espectáculo más real del mundo. ¿Te interesa? ¿Asumes tu responsabilidad? Añádelo a tu lista de propósitos para este 2019, que dicho sea de paso, espero sea un gran año para todos, para México y para la tauromaquia.

Twitter: @rafaelcue

*Artículo escrito para el diario El Financiero, reproducido por voluntad del autor en Intelisport.

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