Me hiciste amarte en el dolor. Juntos creamos ese verbo famoso. No conozco otro estado de sentimiento contigo que no sea frustración y no entiendo porque te quiero tanto, si la primera vez que hice match contigo fue exactamente en una final perdida. Ese día sentí lo que no he dejado de sentir por dos décadas. Pensé ingenuamente que el próximo año sería nuestro, que ese gol de Glaría no quitaba un título sino al contrario, por pura chingada probabilidad nos acercaba, pero hasta las matemáticas saben que no lo merecemos, que debemos pagar todo.

Mis dos grandes amores en el fútbol son: uno por geografía y recuerdos de infancia de tono verde; Azul por una conexión a mí genética de siempre sufrir. Existimos personas a las que, por alguna razón poco lógica, nos gusta ese sabor agridulce; así me defino; cruzazulino porque eso me enseñó a comprender el fútbol, y santista porque me lo presentó.

Estoy seguro de que esta situación es lo que siente el aficionado lagunero del Azul: traemos dos playeras siempre.

Dos escenas: Pinheiro fallando un penal y Carlos Cariño haciendo lo mismo, aquí están las diferencias de todo.

Santos Laguna fue creciendo, fue aprendiendo, construyó desde aquellos tiempos la sólida institución que hoy es, las consecutivas finales perdidas no fueron motivo para detener el proyecto e hicieron válida la ley de probabilidad; la incertidumbre de aquel cambio de dueños y los problemas que se generaron fecundaron al personaje más importante de la historia del club, al autor de conceptos que con el paso del tiempo se han convertido en los cimientos de todo.

Se vende, se compra y se forman futbolistas; se cumple con un ciclo ganador; por eso están bien marcados los tiempos de salir campeón, aunque se diga que el título en Querétaro fue circunstancial; no es verdad: si no hubiera sido en Querétaro, lo seria al siguiente semestre en otra plaza; el ciclo está desfasado seis meses – un año.

En la mente de la institución se visualiza que todas sus categorías jueguen a lo mismo, estamos hablando de un proyecto emprendedor fuera de serie, de una institución que trabaja y nutre sus resultados con aprendizaje.

Los de la máquina cementera de la Cruz Azul no merecemos nada hasta hoy, estamos confundiendo muchas cosas: el fútbol nos tiene lastima y nos agarramos de eso para pensar que ha sido injusto con nosotros; existen muchas historias que duelen, también existen migajas que nos dieron felicidad, pero todos cooperamos para estar donde estamos; como aficionados, fuimos convirtiéndonos en una madre pasalona, fuimos anotando cada fracaso en el hielo, sin consecuencias.

No tuvimos la capacidad para condenar al autor de la salida de Markarián; cuando surgía una pequeña luz, pasamos a cruzazulearla en la mesa y no lo defendimos; increíble esa historia de alineación indebida en liguilla contra Pachuca al alinear a Carmona y, como afición, no supimos corresponder a la categoría de equipo grande, no somos de paladar negro como lo exige un equipo de este tamaño.

Aún tenemos la idea de que Chaco es ídolo y no aceptamos que no cumplió, pusimos la meta muy corta para considerar a un jugador ídolo, perdonamos las locuras de Corona, estos detalles nos hacen participes de los fracasos, merecemos ese final dramático en el Azteca, el equipo fue reflejo de lo que somos, y Teófilo Gutiérrez nos maltrató, y no dijimos nada.

Los intereses de la directiva y no alejarse de los intermediarios que entorpecían todo, para lo único que sirvieron fue para crear una tira cómica de los peores fichajes en la historia de la liga.

Sobre su presidente sólo puedo decir una cosa: su egoísmo nos ha traído hasta aquí, es el último de la fila que debe festejar si nos encontramos con el campeonato.

Traer a Ricardo fue una decisión muy sencilla, y la mejor en los últimos veinte años; no hay para donde movernos, para mí representa el inicio de un proyecto, no hay secretos en la forma de construir equipos por parte de Peláez: contrata jugadores ya consolidados y compra promesas de la liga, hace ver tan simple la chamba, que genera cuestionamientos; pero ésto no lo ha podido hacer Davino con Monterrey, entonces no cualquiera puede.

Para esta sacudida, Peláez necesitaba a Pedrito, que tiene el perfil exacto para el movimiento, ya hay un sentido y existen puntos que se tienen que pulir, pero sin duda, este es el camino, con este par.

Aún no es el momento, nos falta recorrido para llegar al campeonato, que realmente es trabajo, hace falta que llegue el sustituto del Cata, que el centro delantero sea referente; hacen falta varias cosas, así, poco a poco, recortaremos camino.

Si Cruz Azul es campeón, realmente nos lo encontramos. ¿Qué lo deseo? Ya me veo festejando junto a Ludovico Peluche.

¿Quién merece ser campeón? Según la unidad de medida que se utilice, si es por trabajo o por sentimentalismo.

Twitter: @pera10

Anuncios